En el corazón de Madrid, el 17 de febrero, se hizo eco un grito urgente que no podemos ignorar. El departamento encargado de los presos palestinos, bajo el control de Hamás, ha lanzado una dura denuncia sobre las condiciones inhumanas que sufren sus compatriotas tras las rejas israelíes. La realidad es desgarradora: estos prisioneros viven en condiciones que, según afirman, cruzan todas las líneas rojas. Y así lo manifestó la oficina de prensa del departamento en un comunicado recogido por el diario ‘Filastín’, cercano a Hamás.
Un llamado a la comunidad internacional
Las acusaciones son graves y exigen atención inmediata. “Las prácticas de ocupación dentro de las cárceles son crímenes de guerra que deben ser respondidos”, insistieron con preocupación. Esta organización ha hecho un llamado directo a las autoridades internacionales para que asuman su papel y actúen ante lo que consideran violaciones claras de derechos humanos. Hay vidas en juego y no podemos quedarnos cruzados de brazos.
La situación se torna aún más alarmante cuando observamos el estado físico y emocional de aquellos liberados en el acuerdo ‘Diluvio de Libertad’. Sus cuerpos hablan por sí solos: evidencian años de tortura sistemática y sufrimiento extremo. Es como si cada cicatriz contara una historia brutal, una historia que no debería existir en pleno siglo XXI.
Así pues, mientras nosotros reflexionamos sobre estas palabras, nos queda claro que la lucha por justicia debe ser colectiva. No podemos permitir que estos crímenes queden impunes; la humanidad necesita despertar y actuar.