La situación en Kivu Sur ha dado un vuelco sorprendente. Este sábado, el Movimiento 23 de Marzo (M23) ha proclamado su dominio sobre Bukavu, la capital de la provincia congoleña. Según ellos, todo esto es una respuesta a los ataques del Ejército de la República Democrática del Congo (RDC) contra civiles. Y es que, aunque a principios de mes habían prometido no atacar, las circunstancias han cambiado rápidamente.
Un conflicto que se intensifica
La Alianza del Río Congo, el brazo político del M23, ha salido al paso para denunciar cómo los ataques del Ejército llevaron a sus guerrilleros a hacerse con el control del aeropuerto de Kavumu. ¿Y qué hacían allí? Lamentablemente, según el grupo rebelde, este lugar era usado por el Ejército para lanzar ataques aéreos contra la población local.
Tras ser derrotados en Kavumu, los soldados y sus aliados no tuvieron más remedio que huir de Bukavu tras dejar una estela de saqueos y abusos. En medio de este caos, el M23 está instando a los habitantes a organizarse y formar “comités de vigilancia locales”. El objetivo es claro: mantener la seguridad y elegir líderes honestos que velen por su bienestar.
A medida que esta historia se desarrolla, el M23 lanza un ultimátum también a las tropas burundesas aliadas con el Gobierno congoleño: ¡fuera ya! Su presencia sólo ha alimentado una crisis humanitaria sin precedentes y una limpieza étnica alarmante. Es hora de actuar con responsabilidad.
Este grupo rebelde, compuesto principalmente por tutsis congoleños, reavivó el conflicto desde finales de 2022 rompiendo un frágil acuerdo de paz firmado entre 2012 y 2013. Ruanda también entra en juego aquí: enfrenta críticas por supuestamente apoyar al M23 mientras señala al Gobierno congoleño por reprimir a los tutsis con ayuda de otros grupos armados como las FDLR.