La noche del 14 de febrero, mientras muchos esperaban que las tensiones se calmaran, el Ejército de Israel decidió dar un giro inesperado. A pesar del alto el fuego que se había acordado en noviembre de 2024, las tropas israelíes bombardearon lo que dicen son objetivos vinculados a Hezbolá, la milicia chií libanesa. Y es que, aunque algunos soñaban con la paz, esta acción parece más bien un intento por romper ese frágil equilibrio.
Un alto el fuego roto
El comunicado de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no ha dejado lugar a dudas: “Los aviones de combate atacaron instalaciones militares que supuestamente contenían armas y lanzacohetes”. Sin embargo, nada se menciona sobre dónde ocurrieron exactamente estos ataques. ¿Por qué tanta opacidad?
A pesar del acuerdo que obligaba a ambas partes a retirarse del sur de Líbano para dejar paso al Ejército regular, los incidentes no han cesado. Desde Hezbolá hasta las autoridades israelíes, todos se señalan mutuamente por violar esa tregua temporal. La agencia libanesa NNA reporta tres ataques entre Zebqine y Yater, muy cerca de la frontera israelí. Esto nos hace cuestionarnos: ¿realmente hay voluntad para la paz o solo palabras vacías?
A medida que los ecos de estos enfrentamientos resuenan por Beirut y el sur del Líbano, queda claro que la situación sigue siendo tensa. Todo esto es un recordatorio cruel de cómo los conflictos pueden reavivarse con una chispa en cualquier momento.