En un movimiento que ha dejado a muchos boquiabiertos, el Gobierno de Argentina ha decidido privatizar la empresa estatal Belgrano Cargas y Logística S.A.. Este decreto, firmado por el presidente Javier Milei, marca el fin de una era en la que el Estado operaba los servicios ferroviarios de carga. Manuel Adorni, portavoz del gobierno, lo anunciaba con palabras contundentes en su cuenta de X: «El Estado dejará de ser operador de toda su infraestructura». Sin duda, un cambio radical que plantea muchas preguntas sobre el futuro del transporte ferroviario en el país.
A partir de ahora, la responsabilidad recaerá en manos privadas tras un anuncio que ya venía sonando desde octubre pasado. Según Milei, la decisión se debe a que Belgrano Cargas es “obscenamente deficitaria”, un calificativo fuerte que resuena cuando consideramos que el Estado tuvo que inyectar 112 millones de dólares para mantenerla a flote. Pero ¿es esta la solución adecuada?
Un ferrocarril con historia y retos
Con más de 7.000 kilómetros de vías afectando a provincias como Buenos Aires y Córdoba, Belgrano Cargas no es solo una simple empresa; es una arteria vital para el transporte de productos agrícolas y minerales en todo el país. Sin embargo, Adorni no dudó en señalar las falencias: «Transporta hace 15 años la misma cantidad de toneladas». La gestión actual está compuesta por once unidades productivas y ocho talleres propios que parecen ser demasiado grandes para lo que realmente pueden manejar.
Este paso hacia la privatización se inscribe dentro de una serie de medidas destinadas a recortar drásticamente los gastos públicos. Una decisión polémica sin duda, pero que refleja un deseo urgente por parte del gobierno de cambiar las reglas del juego económico del país. Lo único cierto es que nos queda esperar y observar cómo esta transición afectará tanto al personal como a los usuarios del ferrocarril.