MADRID, 7 Feb. (EUROPA PRESS) – Este viernes, Donald Trump ha vuelto a dar que hablar con unas declaraciones que dejan a muchos boquiabiertos. El presidente estadounidense se atreve a ver la Franja de Gaza como si fuera un simple negocio inmobiliario. La propuesta, lanzada esta misma semana, sugiere que este enclave palestino podría pasar a manos estadounidenses para crear lo que él llama ‘la Riviera de Oriente Próximo’.
Una visión desconcertante
«Seremos inversores en esa parte del mundo y no tendremos prisa por hacer nada», comentó desde la Casa Blanca, junto al primer ministro japonés, Shigeru Ishiba. Parece que la idea de desplegar tropas estadounidenses queda descartada, lo cual plantea serias dudas sobre cómo piensa lograr esa ‘estabilidad’ que promete «por muy poco dinero». Y como si esto fuera poco, también insinuó que Israel sería el encargado de suministrar y vigilar la zona en términos de seguridad.
A medida que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ordena preparar una ‘salida voluntaria’ para los habitantes de Gaza siguiendo las directrices de Trump, surge una pregunta inquietante: ¿quién se cree que está tratando con seres humanos como si fueran mercancías? Las propuestas para reubicar permanentemente a los residentes gazatíes en países como Jordania y Egipto han sido contundentemente rechazadas por estos mismos países.
Naciones Unidas ya ha alertado al mandatario estadounidense sobre las implicaciones legales de sus ideas; el Derecho Internacional prohíbe cualquier desplazamiento forzoso. Ante esto, las críticas no han tardado en llegar desde potencias europeas y organizaciones de Derechos Humanos. La controversia está servida y muchos nos preguntamos hasta dónde llegará esta insensibilidad ante un tema tan delicado.