Esta semana, el director inmobiliario de Meliá Hotels International se encontró moderando un foro que debería haberse celebrado en la COP30 de Brasil. Pero, como bien sabemos, el fuego arrasó las instalaciones y todo quedó suspendido. ¡Y pensar que hace apenas unos meses la industria parecía volar alto! De repente, nos despertamos con una realidad aterradora: un conflicto en Oriente Medio que no solo amenaza la estabilidad mundial, sino que también revuelve los mercados.
El desafío de hablar de sostenibilidad
Hoy en día, mencionar la sostenibilidad o la reducción de la huella de carbono parece casi un acto de fe. Mientras vemos imágenes desgarradoras de bombardeos que reducen a cenizas infraestructuras cruciales y provocan más de cinco millones de toneladas de CO2 en solo dos semanas. La situación no es solo ambiental; hay vidas humanas en juego y miles se ven desplazados. El turismo se desploma en varias regiones del mundo y las aerolíneas enfrentan serios problemas para operar.
Frente a este escenario caótico, debemos cuestionarnos: ¿sostenibilidad o misiles? Es como aquel viejo dilema económico entre cañones y mantequilla; ¿realmente son opciones mutuamente excluyentes? Yo creo firmemente que ahora es el momento para resaltar la importancia vital de la sostenibilidad. No es solo una respuesta a desafíos ambientales crecientes, sino una condición esencial para mantener nuestra competitividad y calidad como destinos turísticos a largo plazo.
Apostar por medir, gestionar y reducir el consumo energético; optimizar el uso del agua; disminuir residuos; implementar planes energéticos eficientes… Todo esto forma parte del verdadero significado de sostenibilidad. Y hoy tenemos una oportunidad dorada para demostrar que nuestras acciones bajo esa etiqueta tan amplia pueden garantizar no solo seguridad económica, sino también continuidad operativa en nuestra industria.
Por eso, quien aún no haya integrado la sostenibilidad como parte fundamental de su negocio debe hacerlo ya. Como decimos en casa: «la sostenibilidad empieza por cuidar las cuentas». Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de quedarnos con un enfoque vistoso pero vacío.

