Hoy en día, nos encontramos ante una situación bastante complicada. Por un lado, están los empresarios que luchan por encontrar y mantener talento en sus equipos. Y por otro, tenemos a trabajadores desmotivados que apenas llegan a fin de mes. Está claro que el sueldo es clave para fidelizar al personal, aunque no podemos olvidar otros factores importantes como el ambiente laboral o la formación continua. Sin embargo, hoy quiero centrarme en la cuestión del salario.
La realidad detrás de las cifras
Las empresas suelen aplicar las subidas salariales acordadas en los convenios, pero con la inflación disparada y el alto costo de la vivienda, muchos se encuentran atrapados. Es frustrante ver cómo el esfuerzo de aquellas empresas con márgenes ajustados no logra satisfacer a sus empleados. Según algunos informes, más del 54% de las empresas españolas considera que los impuestos son un obstáculo grave para poder aumentar los sueldos.
Parece que muchas organizaciones podrían ofrecer incrementos salariales más allá del convenio si no estuvieran tan asfixiadas por impuestos. Imagina esto: si una empresa decide aumentar el sueldo en 100 euros brutos y el Estado se queda con 40 euros, ¿qué le queda al trabajador? Solo 60 euros. Esta situación desmotiva tanto al empresario como al empleado.
Si el Gobierno realmente quiere demostrar que «la economía va viento en popa», debería permitir que esas subidas salariales no tuvieran retenciones fiscales. El empleado merecería recibir esa cantidad íntegra sin preocupaciones porque ya está cotizando lo necesario por ley.
En tiempos difíciles como estos, necesitamos medidas innovadoras y atrevidas; no podemos quedarnos parados esperando soluciones mágicas. A menudo parece que la actitud del Estado es aceptar «lo que hay» sin ofrecer alternativas viables. Con récords históricos de recaudación por IVA gracias a la inflación, el Estado tiene margen para hacer algo positivo aquí; es una oportunidad para pensar en el beneficiario final: el trabajador.
A lo mejor si logramos hacer esta economía más real y cercana podríamos abrirnos a propuestas nuevas e incluso poco convencionales que traigan bienestar general. Al final del día, debemos recordar que en economía hay que ser serios y audaces, aunque eso duela un poco.

