Cuando hablamos de financiación alternativa, parece que estamos ante un fenómeno que va mucho más allá de lo habitual. Imagínate una empresa que se acerca a su 18º aniversario y, en un solo año, logra casi duplicar su producción. Esto es lo que está viviendo TQ Eurocredit, y no es solo una cuestión interna: refleja el pulso del mercado en nuestro país.
Las razones para este crecimiento son varias. En primer lugar, la financiación tradicional está atrapada en un corsé regulatorio que le impide dar luz verde a ciertos proyectos, especialmente en sus etapas iniciales. Por otro lado, la financiación alternativa se presenta como un soplo de aire fresco: agilidad y flexibilidad son sus mejores cartas. Cada empresario busca adaptarse a las necesidades de su proyecto y aquí es donde esta modalidad brilla con fuerza.
Un Cambio Necesario
Mientras observamos cómo otros países como Alemania o Francia tienen cuotas de financiación alternativa entre el 30% y el 40%, o incluso más del 50% en el Reino Unido y más del 65% en Estados Unidos, aquí en España nos quedamos alrededor del 20%. Esto deja claro que tenemos un gran camino por recorrer. La necesidad es evidente, sobre todo cuando miramos al sector del real estate; la descompensación entre oferta y demanda de viviendas es alarmante. Este año cerramos con un déficit cercano a las 700.000 viviendas construidas durante los últimos cinco años frente al número creciente de hogares.
No podemos ignorar que esta situación se agudiza aún más en Baleares, donde cada día se siente más acuciante la falta de oferta ante una demanda insaciable.
Nuestra previsión para 2026 es clara: habrá un crecimiento significativo en la financiación alternativa para abordar esta urgente necesidad habitacional. Pero no solo eso; también hemos visto cómo sectores como el hotelero o industrial están experimentando una fuerte demanda de financiación flexible y ajustada a cada proyecto específico.
Aquí hay algo crucial que debemos entender: el verdadero coste no radica tanto en los números sino en las oportunidades perdidas por falta de financiación adecuada. La financiación alternativa se convierte así no solo en una opción, sino en una herramienta esencial para desarrollar proyectos viables económicamente. De hecho, deberíamos hablar no tanto de “financiación alternativa”, sino más bien de “financiación valiosa” para nuestros clientes; porque aportar valor a cada proyecto es nuestra misión diaria.

