Nos encontramos ante una pérdida que nos toca profundamente. Christine Ruiz-Picasso, la mujer que logró cumplir el anhelo de su suegro, el gran Pablo Picasso, ha partido a los 97 años en París. Su historia es un homenaje a la pasión y al amor por el arte. Málaga, su tierra adoptiva, tardó en reconocer su labor como mecenas del Museo Picasso Málaga, hasta que un día llegó con un maletero lleno de sorpresas: diez libros ilustrados por el propio Picasso.
Un legado imborrable
Aquella joven ceramista de la Costa Azul, conocida entonces como Christine Pauplin, cruzó caminos con Picasso en los años 50. En ese tiempo, ella solo era una modesta artista; él ya era un gigante del arte pero lidiaba con crisis creativas y personales. Al casarse con Paulo Ruiz-Picasso, su vida cambió para siempre. Sin embargo, no todo fue fácil; Paulo enfrentó las sombras del talento abrumador de su padre y falleció demasiado pronto.
Christine no solo heredó obras de Picasso tras la muerte de Paulo; también heredó una misión. Quería que la obra del genio volviera a su tierra natal. Sin embargo, sus esfuerzos fueron ignorados por las autoridades locales que no parecían tomarla en serio al principio.
A pesar de los obstáculos y dudas iniciales, en 1992 se materializó un momento clave: la exposición ‘Picasso Clásico’ trajo más de cien obras a Málaga. Fue entonces cuando Christine decidió abrir el maletero y dar esos libros tan especiales a su ciudad natal. Era su manera de devolver lo que había recibido.
Esa visita marcó el inicio del Museo Picasso Málaga. Años después, tras múltiples negociaciones y finalmente con el compromiso palpable de las autoridades locales, Christine firmó para donar 138 obras al museo en 1996. La emoción de ver cómo sus sueños se hacían realidad era palpable cada vez que visitaba aquel lugar al que dedicó tanto cariño.
Aunque con los años fue espaciando sus visitas debido a su carácter reservado y discreto, cada encuentro con las obras le traía recuerdos inolvidables desde aquellos días en Antibes junto a Pablo Picasso.
No obstante, también dejó huella más allá del arte: cuando consideró que se estaba utilizando políticamente la obra ‘Sueño y mentira de Franco’, no dudó en expresar su descontento públicamente. Ese espíritu combativo caracterizó toda su vida.
Descanse en paz, Christine Ruiz-Picasso; tu legado perdurará entre nosotros y tu lucha por mantener vivo el espíritu picassiano será recordada siempre.

