En un mundo donde el arte y la cultura deberían ser respetados y preservados, surge la controversia sobre el traslado del Guernica, esa obra maestra de Picasso que ha encontrado su refugio en el Museo Reina Sofía desde 1992. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha dejado claro su desacuerdo con esta idea, tachándola de «catetada» nacionalista. Pero no está sola en este pensamiento; voces expertas del propio museo han alzado la voz.
Un informe preocupante
El departamento de conservación del Reina Sofía ha elaborado un informe que desaconseja «rotundamente» mover el cuadro a Bilbao para celebrar su 90º aniversario. Y no es para menos: las dimensiones del lienzo y sus materiales son una bomba de relojería cuando se trata de desplazamientos. Aunque ahora se encuentre en un estado estable gracias a un control ambiental riguroso, cualquier movimiento podría traer consigo peligros inasumibles, como vibraciones que pueden causar grietas o pérdidas en la capa pictórica.
Los conservadores destacan que este no es solo otro cuadro; tiene una historia llena de traslados y daños acumulados. De hecho, muchas alteraciones visibles hoy –esas microfisuras que desgastan la pintura– son consecuencia directa de sus viajes pasados. Es triste pensar que las cicatrices de su historia puedan empeorar por decisiones apresuradas.
Aquellos días en los que fue llevado a Estados Unidos dejaron huellas profundas. El propio Picasso apoyó la decisión de no volver a moverlo después de ver cómo había sufrido. Y ahora, ¿vamos a repetir errores del pasado? El informe concluye que cualquier intento de trasladar esta joya cultural sería una amenaza directa para uno de los emblemas más destacados del siglo XX.

