En una tarde que prometía más emociones que el último capítulo de nuestra serie favorita, cinco autores se encontraron en Barcelona para disputar un galardón literario que ha hecho temblar las estanterías: el Premio Aena de Narrativa, dotado con un millón de euros. Sí, has leído bien, ¡un millón! Como dirían algunos, eso es dinero suficiente para dejar atrás ese viejo cliché del escritor pobre.
Las voces que suenan fuerte
Entre los finalistas se encuentran nombres conocidos como Héctor Abad Faciolince y Samanta Schweblin, quienes durante la rueda de prensa no dejaron de compartir su visión sobre lo que significa esta oportunidad. «Los escritores debemos hacer voto de pobreza pero, a diferencia de los monjes, estos votos no tienen por qué ser perpetuos», comentó con una sonrisa el colombiano Abad Faciolince mientras hablaba sobre su novela Ahora y en la hora.
Nona Fernández, otra gran candidata con Marciano, reveló entre risas sus planes: “Voy a comprarme un lavavajillas. O mejor dicho, un poco más de tiempo para escribir”. Y es que no todo se trata del dinero; muchos coinciden en que la visibilidad es lo realmente valioso.
A pesar del bullicio mediático y las críticas sobre si debería ser una empresa pública quien otorgue este premio, los finalistas han mostrado unidad. Samanta Schweblin destacó la importancia de mantener espacios literarios aunque haya voces discordantes. «Es fundamental ayudar a que se mantenga el valor del libro», sentenció.
No obstante, la polémica no cesa y Marcos Giralt Torrente fue claro al calificarla como algo “artificioso”, destacando que la inversión en arte por parte de empresas públicas debería ser algo normal. Al fin y al cabo, estamos hablando de literatura y cultura.
A medida que se acerca la gran noche del anuncio del ganador en el Museu Marítim de Barcelona, las sonrisas entre los finalistas se convierten en complicidad. Porque aquí nadie va a salir con la cabeza cortada ni nada por el estilo; todos tienen asegurados 30.000 euros por participar y eso siempre ayuda a hacer más llevadera la vida creativa.
Aunque muchos llegaron sin saber muy bien qué era este premio o cómo funcionaba exactamente, hoy están aquí reafirmando juntos su pasión por las letras. Así que queda claro: en este mundo literario hay mucho más en juego que solo un cheque; hay sueños y esperanzas por cumplir.

