Desde hace tiempo, he estado buscando adaptaciones de clásicos que no solo respeten su esencia, sino que también rompan con lo establecido. Tenía la certeza de que Martret conseguiría eso con Enemigo del pueblo, una obra que, aunque escrita en el siglo XIX por Ibsen, sigue teniendo un eco poderoso en nuestra actualidad. La puesta en escena de Lenemic, la gran propuesta del Teatre Principal de Palma para esta temporada, comienza desde el mismo preludio. Martret se dirige al público como si fuera uno más entre nosotros, hablando sobre esa verdad agridulce que todos conocemos.
Un espejo distorsionado de nuestra realidad
Con referencias a pensadores como Hanna Arendt y Hegel, se va tejiendo un manifiesto sobre nuestra sociedad. El balneario y sus aguas contaminadas son una metáfora perfecta de nuestro propio paraíso arrasado. En este tablero de ajedrez humano, los bandos están claramente definidos y las jugadas son predecibles: la manipulación informativa hoy tiene otro nombre: fake news.
Martret convierte este drama en comedia casi desde el primer momento. La entrada triunfal de Toni Gomila (Stockman/Estelrich) aporta un toque caricaturesco que nos hace reír incluso cuando la situación es crítica. Rompe moldes y desafía las convenciones al hacer que los actores salgan de su zona de confort; aquí brilla una Caterina Alorda excepcional.
No podemos olvidar nunca a Ibsen ni a esos grandes autores cuya sabiduría hay que sacudir constantemente para mantenerla viva y relevante en nuestros días.

