En el corazón de la Universidad de las Islas Baleares, donde entre apuntes y exámenes también se respira tradición, han surgido los Gambirots. Esta joven colla no solo ha reavivado el espíritu de los castells en el campus, sino que ha creado un auténtico espacio de encuentro para estudiantes. En poco tiempo, se han transformado en una comunidad vibrante y diversa que celebra lo colectivo como su esencia.
El poder del trabajo en equipo
«Los castells son completamente colectivos», asegura el equipo detrás de esta iniciativa. Y es que, por muy talentoso que seas, levantar torres humanas requiere siempre más manos. Margarita De Noia, la cap de colla, recuerda cómo su curiosidad inicial se convirtió en pasión a raíz de ver algunos vídeos: «Me dijeron que eso eran castells y pensé: ¿no es lo que hacen en Cataluña?». Así comenzó su viaje.
A pesar de no ser una colla totalmente nueva —ya había existido antes— su resurgimiento ha sido posible gracias a un grupo decidido de estudiantes dispuestos a mantener viva la tradición. Este hilo generacional fortalece la estructura del grupo universitario. Aquí conviven estudiantes de diversas disciplinas, creando conexiones poco comunes dentro del ámbito académico.
Sorprendentemente, la inclusividad es otra característica clave. Ser parte de los Gambirots no significa necesariamente subir a las torres; hay espacio para todos aquellos que aportan desde otros roles como músicos o ayudantes logísticos. «No todos tienen que escalar; cada uno tiene un papel importante», explican.
No obstante, este crecimiento llega con desafíos significativos. La falta de espacio para ensayar se convierte en un dolor constante; cuando llueve, deben cancelar sus sesiones al aire libre. Además, carecen del material e infraestructuras básicas necesarias para seguir avanzando.
A pesar de estas dificultades, hay optimismo en el aire. Con cada vez más interés por formar parte del proyecto y una clara voluntad institucional por promover la cultura popular entre los jóvenes, parece haber un pequeño boom alrededor de los castells en Mallorca. Las nuevas generaciones están aquí para quedarse y contribuir al legado cultural.
Al final del día, lo que realmente importa va más allá de las estructuras levantadas; se trata del proceso compartido y la comunidad forjada entre risas y esfuerzos conjuntos: «Superas miedos y haces amigos», concluyen con entusiasmo los miembros.
Así son los Gambirots: mucho más que una colla castellera; son una forma única de vivir la universidad y construir vínculos imposibles sin esa colaboración mutua.

