El inconfundible Miguel Ríos está de vuelta, y lo hace con una energía contagiosa que nos recuerda por qué el rock nunca muere. A sus casi 82 años, este granadino ha recorrido un camino lleno de notas y recuerdos, y ahora se siente más cercano a Keith Richards que nunca, bromeando sobre cómo cada vez hay más rockeros octogenarios dispuestos a dejar su huella.
Una noche mágica en Gijón
Mañana, 13 de marzo, la ciudad de Gijón será testigo de su talento en el teatro de La Laboral. Este lugar tiene un significado especial para Miguel, ya que aquí empezó su andadura profesional. «Gijón es como mi segunda casa», dice con nostalgia mientras recuerda aquellos primeros pasos llenos de ilusión.
A las 20:00 horas comenzará un espectáculo titulado ‘El último vals’, un nombre que suena a despedida pero que él aclara con humor: «Me veré obligado a despedirme a la francesa». Tras seis meses de gira, asegura que han perfeccionado cada nota gracias al calor del público, que canta junto a él desde el primer acorde.
La conexión con el público es algo que valora profundamente. «¿Sabes? En Gijón canté por primera vez hace más de treinta años junto a Víctor Manuel», rememora emocionado. Y aunque no compartirán escenario esta vez, los recuerdos son imborrables.
Miguel también reflexiona sobre la influencia del rock en la cultura actual y cómo artistas como Bruce Springsteen siguen siendo relevantes ante un panorama cambiante. «El mundo necesita música en directo; es nuestro último bastión», asegura con determinación.
No todo es nostalgia; también mira hacia adelante. Está comprometido con su Fundación en Granada para fomentar la formación musical entre jóvenes y adultos mayores. Su pasión por la música sigue viva: «Quiero devolver parte de lo que he recibido».
Cierra la conversación dejando claro lo mucho que aprecia a sus seguidores: «Gracias por estar ahí una vez más; ¡vamos a hacerles pasar una noche increíble!» Miguel Ríos está aquí para quedarse, demostrando una vez más que el rock no tiene edad.

