En el corazón de Mallorca, la música tradicional no es solo un eco del pasado; es una vibrante manifestación cultural que se vive en cada rincón. Desde las xeremies hasta el flabiol, estos instrumentos son mucho más que simples objetos: son parte de nuestras fiestas, de nuestra identidad y, sobre todo, de nuestra comunidad.
El Compromiso por Mantener Viva la Tradición
Càndid Trujillo, músico y profesor del Conservatorio Antoni Torrandell de Inca, es uno de esos apasionados que lucha por mantener esta herencia musical. Para él, enseñar estas melodías va más allá del simple hecho académico; se trata de conectar con la esencia misma del entorno donde nacen. “Cuando hablamos de estos instrumentos, estamos hablando de un contexto cultural riquísimo”, dice Càndid con una convicción palpable.
A lo largo y ancho de Mallorca, cientos de alumnos se lanzan a aprender a tocar estos instrumentos que han resonado en las calles durante generaciones. Pero aquí viene el verdadero desafío: ¿cómo preservar esta tradición sin convertirla en un mero objeto expositivo? Càndid lo resume perfectamente: “La música tradicional debe vivirse en su entorno natural: el callejón festivo”. Esta visión resuena entre muchos docentes que sienten la responsabilidad no solo de enseñar notas y ritmos, sino también de transmitir una forma auténtica de vida.
Recordando sus propias raíces musicales, Càndid comparte cómo su interés nació durante su adolescencia en medio de esas festividades populares. “A los 13 años me perdía observando las xeremies, era como un niño pequeño fascinado por lo que veía”, cuenta emocionado. Mientras otros dejaban atrás sus clases extraescolares, él se sumergió completamente en este mundo sonoro.
Y así comenzó su viaje hacia la enseñanza. Tras darse cuenta del amor que sentía por compartir su conocimiento con los más jóvenes, empezó a dar clases en escuelas municipales. Esa experiencia fue transformadora para él: “Me di cuenta de que me encantaba enseñar”, recuerda mientras destaca la alegría que siente al ver a sus alumnos explorar su propia conexión con la música tradicional.
No obstante, Càndid advierte sobre ciertos mitos relacionados con esta práctica. Aunque muchos ven la música tradicional como algo anclado en el pasado o relegado al folclore nostálgico, él tiene otra perspectiva: “Lo que veo a mi alrededor es todo lo contrario; hay un creciente interés por nuestros instrumentos y cultura popular”. Con cada año que pasa, más estudiantes llegan al conservatorio buscando aprender sobre este legado sonoro.
Aunque hay retos por delante —como una falta notoria de apoyo institucional— Càndid sigue adelante con pasión y determinación. Él está convencido de que la música puede ser una herramienta poderosa para integrar culturas diversas y construir puentes entre generaciones.
Al final del día, el objetivo no es solo dominar un instrumento; es formar parte activa del tejido cultural mallorquín. Con cada nota tocada en festividades tradicionales —que llenan nuestro calendario— contribuimos a renovar una tradición viva y vibrante.”

