En una charla que nos transporta a las profundidades de la ópera, Josep Mallol, un apasionado experto en Wagner y profesor catalán, nos desvela los secretos que esconde ‘El holandés errante’. Esta obra, considerada por muchos como el punto de inflexión del compositor, rompe con las convenciones operísticas de su tiempo. En sus notas al programa para la producción lírica del Teatre Principal de Palma, Mallol destaca cómo Wagner se aleja del bel canto y la Grand opéra francesa para explorar nuevas dimensiones.
La magia de la música como narradora
Pero ¿cómo logra este cambio tan radical? A través del misterio que ya habían comenzado a explorar otros compositores como Von Weber o Marschner. Sin embargo, lo que realmente distingue a Wagner es su habilidad para dar vida a cada personaje mediante la música. Cada nota cuenta una historia; cada melodía refleja la psicología profunda de los protagonistas. Por ejemplo, el monólogo inicial del protagonista deja claro su sentir, mientras que Senta expresa sus deseos en una balada conmovedora. ¡Es puro arte!
Wagner no solo creó óperas; él fusionó todas las artes en un mismo espacio. Para él, esa fusión era lo que hacía a la ópera un Arte total. De hecho, escribió casi todos sus libretos y hasta en sus canciones más íntimas se puede intuir lo que estaba desarrollando en ese momento: como sucedió con los Wesendonck Lieder y su famoso ‘Tristan und Isolda’. Y aquí surge la pregunta: ¿hubiera podido crear ese emblemático título sin antes haber dado vida a ‘El holandés errante’? Es fascinante pensar que este camino hacia el drama musical moderno tuvo sus inicios en esta obra.

