En un rincón del mundo donde la realidad es más dura que cualquier ficción, Elma Correa ha conseguido capturar la esencia de la amistad y el dolor en su última novela, Donde termina el amor. Esta escritora mexicana, con un bagaje que incluye obras como Que parezca una accidente, ha regresado a su hogar en Mexicali para hacernos reflexionar sobre lo que significa crecer y enfrentarse a las adversidades. No estamos hablando de cualquier ciudad; aquí se siente la presión de una frontera que marca no solo un límite geográfico, sino también emocional.
Un galardón que rompe estereotipos
La noticia llegó como un soplo de esperanza: Elma ha ganado la 68ª edición del Premio Biblioteca Breve. Y no es solo por los 30.000 euros del premio, sino por lo que representa. En sus palabras, “soy mujer, no soy blanca y no tengo privilegios de clase”, una declaración cargada de realidad en un país donde esas etiquetas pesan más que mil palabras. Con su novela, nos lleva a adentrarnos en una historia sobre dos amigas inseparables cuya vida da un giro inesperado tras un verano fatídico.
“Es maravilloso que se haya premiado una novela sobre la amistad entre mujeres y no sobre el Imperio Austrohúngaro”, decía Correa entre risas y lágrimas al recibir el premio. Su relato nos recuerda lo necesario que es ver nuestras propias historias reflejadas en la literatura; historias llenas de humanidad, complicidad y lucha.
A medida que leemos su obra, nos encontramos con Elisa y Aimé, quienes enfrentan juntas las dificultades hasta que un trágico evento las separa. La promesa de volver se convierte en un eco lejano mientras cada una busca su camino por este mundo lleno de desafíos. Veinte años después, se reencuentran; sin embargo, ya nada es igual.
Santiago Roncagliolo, parte del jurado del premio, menciona cómo esta novela refleja las complejidades sociales del entorno: “La frontera es un laboratorio sociocultural”. En este contexto tan hostil donde conviven migrantes recién llegados y comunidades locales con sus propias luchas diarias, Correa logra imprimir calidez a través de sus personajes.
No podemos pasar por alto cómo Elma transforma la violencia estructural en relatos llenos de honestidad y lealtad hacia su comunidad. En cada página sentimos cómo las amistades florecen incluso en medio del desierto emocional al que están sometidas. Sin duda alguna, Donde termina el amor es más que una novela; es un grito poderoso desde uno de los rincones más olvidados pero vibrantes del mundo.

