Cultura

La historia de una granja de caracoles en Mallorca: del sueño a la realidad

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En el corazón de Mallorca, Caragols Son Pou se ha convertido en un símbolo de resistencia y tradición. Hace apenas dos décadas, esta granja era solo una idea loca que surgió en medio de dificultades familiares. Hoy, las hermanas Maria y Marga dirigen este proyecto con pasión y dedicación, manteniendo viva la esencia del trabajo manual y el respeto por la naturaleza.

Un legado familiar que perdura

La historia comienza cuando sus padres, obligados a dejar atrás la vaquería debido a problemas de salud, decidieron dar un giro inesperado a sus vidas. “Un día se nos ocurrió: ¿y si montamos una granja de caracoles?”, recuerda Maria entre risas. Aunque al principio no sabían ni que existían, se lanzaron a la aventura y desde 2006 están aquí en Son Pou, cuidando cada detalle con esmero.

El primer año fue intenso pero gratificante; los caracoles prosperaban como nunca antes lo habían hecho. Sin embargo, con el paso del tiempo, las normativas sanitarias han complicado un poco las cosas. Ahora son ellas quienes llevan el peso del negocio junto al apoyo incondicional de sus padres. Conocen cada rincón de su granja y saben que no hay atajos: todo se hace a mano.

“No usamos máquinas para nada”, dice Marga mientras muestra cómo cuidan cada caracol desde que nace hasta que llega a la mesa. “Todo es un proceso natural y artesanal”. En una época donde muchos optan por soluciones rápidas y eficientes, estas hermanas defienden su forma tradicional de trabajar como parte de su identidad.

Mientras miran hacia el futuro con incertidumbre sobre si habrá una nueva generación dispuesta a continuar el legado familiar, ambas sienten orgullo por mantener viva esta tradición gastronómica mallorquina. Su compromiso es firme: seguir ofreciendo un producto local sin competir con las importaciones masivas que invaden los mercados.

A pesar de los retos económicos actuales –con costos en aumento– se niegan a sacrificar la calidad por precio. “Es complicado”, admite Maria, “pero tenemos claro que queremos seguir aquí porque esto es más que un negocio; es nuestra vida”. Así siguen adelante estas hermanas valientes, recordándonos lo importante que es cuidar nuestras raíces mientras miramos hacia el futuro.

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