El reconocido compositor Philip Glass ha decidido cancelar el estreno mundial de su Sinfonía número 15, que estaba programado para junio en el emblemático Centro Kennedy de Washington. ¿La razón? Su desacuerdo total con las políticas de la administración Trump, que ahora tiene en sus manos esta importante institución cultural.
En una carta enviada a la junta directiva, Glass argumentó con pasión: «La Sinfonía número 15 es un retrato de Abraham Lincoln, y los valores del Kennedy Center hoy en día están en conflicto directo con el mensaje de la sinfonía». Esas palabras resuenan con fuerza, dejando claro que no está dispuesto a ser parte de lo que considera una manipulación del arte.
Cambio en el aire artístico
Esta decisión se suma a una creciente lista de artistas destacados que han optado por alejarse del centro desde que Trump volvió al poder. Nombres como la soprano Renée Fleming, el músico folk Bela Fleck, e incluso grupos como The Cookers, ya han cancelado sus presentaciones por motivos similares. Además, hace poco la Ópera Nacional anunció su marcha tras décadas actuando allí.
No podemos ignorar cómo este clima ha cambiado radicalmente; incluso se habla de un cambio de nombre del centro a «Centro Trump-Kennedy», algo que ha levantado más de una ceja entre los amantes del arte. Las declaraciones recientes de Trump sobre «salvar» el centro solo intensifican las dudas sobre su futuro artístico. Al final, la comunidad artística siente cada vez más presión y menos apoyo.
La retirada de Philip Glass no es solo una pérdida para el calendario cultural; es un grito alto y claro sobre lo que está ocurriendo en este país. La cultura no debería estar al servicio de intereses políticos ni convertirse en moneda de cambio en una lucha ideológica. Si seguimos tirando a la basura principios fundamentales como la libertad creativa, ¿qué nos queda?

