El 28 y 29 de marzo, Pablo López regresará a su Málaga natal con dos conciertos en el Teatro Cervantes, en el marco de su gira ‘El Niño del Espacio en Concierto’. Un evento que promete ser más que un simple espectáculo; es una invitación a conectar con la esencia misma del artista. Pablo ha decidido dejar atrás los grandes escenarios para centrarse en la intimidad y la conexión emocional con su público. En sus propias palabras, «tocar para dos es más complicado que hacerlo para miles».
Retos y autenticidad
Este malagueño no se anda por las ramas: vive de retos y de enfrentar sus propios fantasmas. Su lucha por mantener su identidad creativa es palpable; evita seguir modas pasajeras porque quiere que sus canciones resuenen a lo largo del tiempo. A menudo, se encuentra escribiendo para otros artistas, pero reconoce que al final acaba «apropiándose de esas letras», encontrando un reflejo de sí mismo en ellas.
Pablo también habla del miedo que siente cada vez que crea nueva música. En este mundo frenético donde todo parece tener una fecha de caducidad, él se aferra a la idea de hacer música auténtica. «La música no va a dejar de ser música nunca», asegura con convicción. Su deseo es poder cantar dentro de quince años las mismas letras que escribe hoy sin sentir vergüenza alguna.
Aquella aventura musical comenzó hace trece años cuando llegó a Madrid lleno de sueños e ilusiones. Ahora, al mirar hacia atrás, siente orgullo por ese Pablo joven y soñador. Ha sabido cuidar al niño interior que siempre lleva consigo, manteniendo esa mirada mágica ante la vida y sobre todo ante su arte.
La popularidad no le incomoda; al contrario, disfruta del respeto y cariño con el que la gente se acerca a él. Para Pablo, lo importante es el vínculo emocional creado a través de sus canciones: «Cuando el público canta mis temas al unísono, eso es esperanza».

