Imagina que en un futuro no tan lejano, las canciones que más escuchas son creadas por inteligencia artificial. Así está la cosa hoy en día. La joven artista Sienna Rose, con su estilo soul-jazz, ha logrado captar a 3,1 millones de oyentes mensuales en Spotify en solo cuatro meses. ¡Increíble! Más que bandas icónicas como Pulp o PJ Harvey. Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo se han colado los artistas generados por IA en nuestras vidas.
La aceptación de lo artificial
Según un informe reciente de Luminate, el 56% de las personas encuestadas sienten «comodidad» o «indiferencia» ante el hecho de que una canción sea fruto del algoritmo y no del sudor humano. Y si miramos más allá, el interés se dispara al hablar de música instrumental (62%), mientras que baja un poco cuando se menciona la voz (54%). Es curioso cómo estos números parecen minimizar el rechazo inicial hacia lo que suena a máquina.
Pero me pregunto: ¿por qué deberíamos descartar una melodía simplemente porque no fue compuesta por un ser humano? En realidad, hoy en día muchos artistas ya utilizan IA como parte de su proceso creativo. Nos encontramos ante un mar de música híbrida y eso plantea interrogantes. ¿Deberíamos etiquetar las canciones hechas con IA? La verdad es que podría resultar complicado, ya que serían muchas las que incluirían ese matiz.
Pensémoslo bien; hoy todos usamos IA para mil cosas cotidianas. Desde ChatGPT hasta plataformas como Deezer generan miles de pistas diarias gracias a modelos generativos. Estamos avanzando hacia un nuevo paradigma musical donde la identidad puede ser difusa y aún queda por ver si esa conexión emocional perdurará.
La música siempre ha sido mucho más que simples acordes bien tocados; hay carisma, historias y esfuerzo detrás de cada nota. Esos aspectos son fundamentales y desafían la idea de que algún día se pueda sustituir lo humano por lo artificial. Al fin y al cabo, nadie puede predecir cómo evolucionaremos como seres humanos ante esta revolución sonora.

