¿Te imaginas recorrer Mallorca de una forma diferente? Hoy te llevamos a un viaje por cuatro miradores que no solo ofrecen vistas espectaculares, sino que también están impregnados de historias y leyendas. La Serra de Tramuntana, reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO, es mucho más que un simple paisaje; es la memoria viva de generaciones pasadas, llena de esfuerzo humano y tradiciones arraigadas.
El Sagrat Cor de Jesús: símbolo de protección
Nuestra aventura comienza en Esporles, donde se alza el majestuoso Sagrat Cor de Jesús, una escultura impresionante del artista Bartomeu Amorós, inaugurada en 1940. Desde este mirador, que parece abrazar el pueblo con sus brazos abiertos, se siente una conexión profunda con el lugar. La frase grabada en su base, «Sagrat Cor de Jesús el pueblo d’Esporles confia amb vós», refleja esa confianza y ese amor por la tierra. Las vistas son simplemente espectaculares; cada rincón invita a perderse entre paisajes llenos de vida.
A medida que avanzamos hacia Galilea, uno de los pueblos más altos y tranquilos de la isla, nos encontramos con otro tipo de magia. No hay letreros ni grandes estructuras aquí; simplemente una parroquia desde donde se divisa un panorama impresionante. Aquí el tiempo parece detenerse. Es un lugar donde lo cotidiano cobra fuerza y nos recuerda la serenidad que ofrece la montaña.
Ses Puntes: naturaleza salvaje a tus pies
Más adelante está el mirador de ses Puntes, un tesoro escondido que pocos conocen. A 775 metros sobre el nivel del mar, este sitio ofrece una vista diferente sobre sa Foradada. Pero ojo, para llegar hasta aquí necesitas permiso del Ayuntamiento de Valldemossa; no es algo común en nuestras excursiones pero vale la pena. El camino lleva a través del precioso refugio Son Gallard antes de alcanzar vistas panorámicas inigualables desde la Talaia Vella.
Selva: historia y patrimonio vivo
Cambiando ligeramente nuestra ruta llegamos al mirador de Selva. Esta sencilla ruta circular comienza en la Placeta Vella y rápidamente nos lleva hacia un pasado lleno de tradición. Pasamos por señales antiguas que nos recuerdan las festividades locales mientras disfrutamos del aire fresco montañés. Las amplias vistas sobre Selva nos cuentan historias pasadas hasta 1925 cuando los habitantes celebraban rituales en lugares hoy olvidados.
No olvidemos las restas arqueológicas presentes en nuestro camino: muros ciclópeos y vestigios históricos hacen eco del legado cultural que ha perdurado a lo largo del tiempo.

