Era una de esas noches mágicas en Palma, el 8 de agosto de 1983. Un escenario iluminado, un público ansioso y la presencia de los Reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, hacían que el ambiente vibrara de emoción. Julio Iglesias, el cantante que ha enamorado a generaciones enteras, se preparaba para ofrecer uno de esos conciertos inolvidables que quedan grabados en la memoria colectiva. Pero lo que nadie esperaba era su espontánea interrupción para piropear al Rey: «En toda mi vida no he conocido un tío más simpático», dijo mientras se arrodillaba ante Su Majestad. Un momento simplemente épico.
La reacción del entorno
La familia Ferragut, quienes han estado detrás del emblemático complejo del Passeig Marítim, no podían ocultar su sorpresa tras las recientes acusaciones de agresión sexual que han salido a la luz sobre dos extrabajadores de las mansiones del cantante. Ellos aseguran que con Julio siempre fue un caballero y no vieron nada extraño en su comportamiento. «Con nosotros siempre fue muy agradable», afirman, dejando claro que esa imagen amable es parte esencial de su legado en Mallorca.
Desde entonces, Iglesias ha dejado huella en cada rincón donde ha actuado. En aquel memorable concierto hubo más de 1.600 almas disfrutando sus temas, todos esperando con ansias escuchar esos versos cargados de pasión y sentimientos profundos. Temas como ‘Soy un truhán, soy un señor’ resonaron por todo el Auditorium mientras la noche se llenaba de magia.
A pesar del tiempo y las controversias actuales, lo cierto es que aquellas noches son parte fundamental de nuestra historia cultural; un recordatorio de cómo la música puede unir a personas tan diversas bajo una misma melodía.

