Este viernes, Eva Soriano se estrena en la sexta edición de ‘El desafío’, un programa que ha marcado un antes y un después en su vida. Para ella, el 2025 fue un año revelador y lleno de aprendizajes. La cómica catalana comparte que, cuando le propusieron participar, Roberto Leal no dudó en convencerla: «Ven a ‘El desafío’, ¡te vas a divertir mucho!». A pesar de sus dudas iniciales sobre su competitividad, finalmente decidió dar el salto y lo ha vivido como una experiencia positiva.
Una aventura llena de retos y emociones
Eva reconoce que su lado competitivo puede jugarle malas pasadas. «Me ayuda a superarme», dice entre risas, pero también admite que a veces se deja llevar por los berrinches si las cosas no salen como esperaba. En cada juego, ya sea en televisión o en casa con amigos, asegura que nadie querría jugar con ella al Trivial o al Monopoly porque es una auténtica fiera.
Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Una grave lesión le tuvo coja durante dos meses tras intentar hacer un ‘espagat’ en pleno reto. “Nunca pensé que eso me pudiera pasar”, confiesa mientras se ríe del incidente. Pero esos esfuerzos físicos valieron la pena; salió del programa en la mejor forma de su vida, aunque con algunas lesiones.
A medida que avanzaba la competencia, Eva se enfrentó a pruebas que pusieron a prueba sus límites emocionales. Reconoce haber tenido momentos difíciles, especialmente con la apnea; estar sola frente al agua hizo aflorar muchas inseguridades. Pero quizás lo más importante fue el descubrimiento de su propia vulnerabilidad: “He aprendido que ser fuerte también significa mostrar tus emociones”, reflexiona.
En cuanto al catalán, cuenta cómo esa lengua había estado relegada por las burlas sufridas en la escuela: “Es absurdo dejar atrás algo tan hermoso solo porque alguien se ría”. Ahora siente una conexión renovada y está dispuesta a sumergirse nuevamente en proyectos donde pueda hablarlo sin reservas.
Por último, Eva destaca el apoyo de sus compañeros de ‘El desafío’, especialmente María José Campanario, quien ha demostrado una fortaleza admirable frente a adversidades personales. Con todo esto encima de la mesa, queda claro que esta experiencia va mucho más allá de la competencia; es una oportunidad para conocerse y crecer como persona.

