¿Te has preguntado alguna vez cuándo comenzó el pop a mirarse en el espejo de la nostalgia? Las giras de aniversario han llegado para quedarse, y hoy en día parece que los conciertos que celebran años de trayectoria superan a los que nos traen lo nuevo. Estas giras, donde se conmemoran cifras redondas como las de un artista o un álbum querido, pueden parecer un refugio cómodo o incluso un signo de falta de creatividad. Pero lo cierto es que están firmemente arraigadas en la cultura musical actual, transformando cada concierto en una celebración repleta de confeti y grandes éxitos.
La fiebre por revivir lo clásico
Aquí mismo, en nuestra escena local, hemos visto cómo bandas como Triángulo de Amor Bizarro soplan 20 velas, mientras que Los Planetas y Mónica Naranjo festejan sus 30 años. Els Pets no se quedan atrás con sus 40 años en la música. Y este año 2026 promete más emociones con giras como las de Els Amics de les Arts y Búhos (20 años) y hasta ángeles como Pastora y Álex Ubago celebrando sus 25. Sílvia Pérez Cruz también se suma a la fiesta por sus 30 años, al igual que Iván Ferreiro y su impresionante carrera durante 35. Por si fuera poco, Mikel Erentxun y Sopa de Cabra nos llevarán a través del tiempo con sus 40 años sobre los escenarios, mientras Jeanette estará soplando ¡50 velas!
Y no solo nos quedamos aquí; si miramos más allá de nuestras fronteras, encontramos a leyendas como Iron Maiden y Twisted Sister haciendo vibrar a multitudes por todo el mundo. Estas giras están construidas sobre material sólido que evoca tiempos dorados, convirtiendo cada concierto en una oportunidad para sentirnos jóvenes nuevamente durante unas horas mágicas.
Pero esta tendencia va más allá; conecta generaciones diferentes bajo un mismo techo: admiradores antiguos junto a aquellos que sienten la fuerza del momento aunque no vivieron esa época. Hay algo especial en esa mezcla; una energía palpable que nos atrapa y nos hace reflexionar sobre nuestro propio paso del tiempo.
Es innegable que estas giras ofrecen una experiencia reconfortante justo cuando sentimos que todo puede tambalearse bajo nuestros pies. Para los artistas, es claro: es una mina dorada sin necesidad de pasar horas encerrados en un estudio. Repetir el éxito del pasado es comprensible… pero ¿no deberíamos preguntarnos si realmente estamos ante una eterna celebración o si hay riesgo de caer en un bucle empalagoso? Al final del día, podemos acabar cubiertos de serpentinas y con el rostro pringado de pastel.

