Hoy nos despierta una noticia que duele: Béla Tarr, uno de los grandes referentes del cine europeo contemporáneo, ha fallecido a los 70 años. La triste noticia llegó a través de Bence Fliegauf, quien habló en nombre de la familia del director. Tarr, que se convirtió en un ícono del séptimo arte, dejó su marca con obras memorables como ‘El caballo de Turín’, ganadora del Oso de Plata en Berlín en 2011 y reconocida el año pasado con el Premio Honorífico del festival D’A.
Un legado cinematográfico inigualable
Nacido el 21 de julio de 1955 en Pécs, Béla comenzó su carrera casi por casualidad y nunca miró atrás. Estudió dirección y pronto se unió al mundo del cine estatal húngaro en los años 80. Colaboró estrechamente con el escritor László Krasznahorkai, lo que dio lugar a joyas como ‘Armonías de Werkmeister’ y ‘Tango Satánico’, esta última una obra monumental que supera las siete horas. Su estilo único se caracterizaba por un uso audaz del blanco y negro y por un enfoque profundo sobre la angustia existencial.
Tarr no tenía reparos en criticar la industria hollywoodense; él mismo decía: «No creo en la honestidad ni autenticidad del cine estadounidense». Para él, el cine debía reflejar la realidad humana sin adornos ni trucos. Después de su última película en 2011, se retiró pero siguió influyendo desde las sombras, colaborando con teatros independientes hasta su reconocimiento final en marzo de 2025 durante el D’A-Festival de Cine de Barcelona.
La ausencia de Béla Tarr deja un vacío enorme. Su visión única seguirá resonando entre quienes aman el cine auténtico, ese que nos hace sentir vivos y cuestionar nuestra existencia. Hoy es un día para recordar al genio que fue y celebrar su inmenso legado.

