La icónica Brigitte Bardot, esa actriz que marcó una época, tuvo una relación muy especial con Mallorca. En su primera visita a la isla en diciembre de 1960, llegó acompañada de su segundo esposo, Jacques Cherrier. Y vaya si se hizo notar; el revuelo fue tal que el hotel Bahía Palace no supo qué hacer con tanta expectación. Imagínate la escena: la diva de Y Dios creó la mujer disfrutando de su estrellato mientras su marido se quedaba en la habitación por un mal trago de comida del avión. Una anécdota más para añadir a su lista.
Regresos llenos de sorpresas
Sexto años después, Brigitte regresaría a esta joya del Mediterráneo junto a su tercer marido, el play-boy Gunther Sachs. Su llegada prometía ser un respiro entre luces y flashes, pero todo dio un giro inesperado cuando los estudios donde filmaba una película sufrieron un incendio. Aquello no estaba en el guion y transformó lo que debía ser una escapada romántica en un verdadero ataque de nervios.
A pesar del caos, los guardaespaldas hicieron su trabajo para proteger a la pareja del acoso fotográfico mientras paseaban por Palma o hacían compras para juguetes. Pero sí, tuvieron tiempo para disfrutar de esos paisajes mallorquines montando a caballo durante esos dos días que duró su estancia.
Cuentan las lenguas que incluso consideró abrir una discoteca en Cala Major en 1973. Un plan perfecto para alguien tan vibrante como ella. Brigitte Bardot no solo dejó huella en el cine; también lo hizo en nuestra querida Mallorca.

