El pasado viernes, la atmósfera del Palau Sant Jordi se llenó de magia y sentimiento con la actuación de Antonio Orozco. Celebrando sus 25 años de carrera, este concierto marcó un hito no solo por ser el primero de dos noches sold out, sino porque fue una verdadera borrachera emocional.
A lo largo de su trayectoria, los aniversarios a menudo sirven para revitalizar carreras que andan un poco perdidas. Sin embargo, Orozco llega a esta celebración en uno de los mejores momentos de su vida. Desde el primer acorde, nos dejó claro que estaba aquí para darlo todo. Su repertorio combinaba grandes clásicos con las nuevas joyas de su último álbum El tiempo no es oro, creando un espectáculo único.
Un viaje musical lleno de conexión
Aquellos que han asistido a sus conciertos saben que hay algo mágico en cada uno; son como actos catharticos donde el cantante comparte su alma con el público. Y anoche no fue la excepción. Con una banda impresionante respaldándolo, Orozco empezó fuerte con Te estaba esperando, y desde ese momento supimos que estábamos ante algo especial.
No faltaron esos toques flamencos y rockeros que tanto le caracterizan; canciones como Bebé hicieron vibrar al público mientras otros temas más emotivos como Te juro que no hay un segundo que no piense en ti, dedicada a su hija Antonella, hicieron que más de uno se limpiara las lágrimas.
A medida que avanzaba la noche, pasamos por momentos explosivos y otros profundamente conmovedores. Entre risas y bailes, Orozco supo hacerle frente al paso del tiempo con canciones tan antiguas como queridas para todos nosotros. La velada culminó con un anuncio: el fin de esta gira será en diciembre del 2026, lo cual nos deja claro que aún hay mucho por vivir junto a él.

