En el emocionante mundo del entretenimiento, hay historias que merecen ser contadas y Nadia de Santiago es una de esas narradoras. La actriz, conocida por su papel en ‘Las chicas del cable’, ahora brilla como la carabina protagonista en ‘Manual para señoritas’, una serie que busca emular el éxito de ‘Los Bridgerton’, pero con un toque español y lleno de humor.
Esta nueva producción de Netflix nos transporta al Madrid del siglo XIX, donde Elena Bianda, interpretada por Nadia, se convierte en una figura clave. Con un carácter estricto y una astucia excepcional, esta carabina no solo se preocupa por encontrar maridos para las jóvenes; también tiene un pasado que la ha moldeado y la hace más moderna que muchas mujeres de su tiempo. En sus propias palabras, ella está ahí para buscar hombres nobles y leales, aquellos con valores reales y no simplemente procedentes de familias adineradas.
Un viaje emocional a través del arte
Nadia confiesa que interpretar a Elena ha sido un verdadero desafío. “Me ha puesto al límite física y emocionalmente”, dice mientras recuerda los seis meses intensos de rodaje. A pesar del tono superficial que pueda tener la serie —porque sí, hay comedia—, el personaje tiene capas profundas; su ironía revela heridas ocultas. Esas capas son lo que hacen de Elena alguien real en un entorno ficticio.
La actriz comparte cómo se siente al romper la cuarta pared durante algunas escenas: “Era como hablarle a una amiga”, explica. Esa conexión con el público le permitió abrirse más que nunca en su carrera. Aunque no sabe si este es el personaje que más le ha marcado, sí reconoce que es sin duda el que más la ha expuesto.
A pesar de las comparaciones constantes con ‘Los Bridgerton’, Nadia ve esto como algo positivo. “Nos alegra que nos comparen con una serie tan exitosa”, señala con una sonrisa. Y aunque se centra en esa referencia, también menciona otras como ‘Fleabag’, resaltando así cómo los personajes pueden resonar a través del tiempo.
A lo largo de su trayectoria desde los 10 años, Nadia reflexiona sobre lo aprendido: “Quizás me he perdido cosas por empezar tan joven”, admite, pero también reconoce las enormes ganancias personales y profesionales que le ha brindado este camino. La actuación no solo le permite explorar diferentes emociones; también se considera afortunada por haber tenido experiencias enriquecedoras junto a otros artistas.
Curiosamente, tenía otros sueños cuando era pequeña; quería ser enfermera. Pero ahora comprende cómo ambas profesiones están interconectadas: “La interpretación es conocer y gestionar emociones”. Y para equilibrar su vida artística, incluso estudia terapias alternativas como yoga o ayurveda.
Con raíces catalanas por parte materna, a veces intenta comunicarse en catalán con su abuelo: “Lo entiendo mejor de lo que hablo”, dice riendo.