El 15 de marzo de 2025, nos encontramos ante una de esas obras que no se pueden dejar pasar. Hablamos de la Sinfonía Número 7 de Beethoven, una creación que comenzó su andadura en 1811 y vio la luz en diciembre de 1813 en un concierto memorable donde también se celebraba la victoria en la batalla de Vitoria contra las tropas francesas. Beethoven, siempre comprometido con su tiempo, dirigió una orquesta ampliada para la ocasión, incluyendo a figuras como Antonio Salieri y Giacomo Meyerbeer.
Un Éxito Arrollador
El estreno fue tal éxito que el segundo movimiento tuvo que repetirse, ¡y al día siguiente toda la sinfonía volvió a sonar! Con cuatro movimientos, esta obra sigue los patrones clásicos del momento, aunque Beethoven ya había roto moldes anteriormente con su Sexta Sinfonía. ¿Y qué decir del primer movimiento? Esa introducción lenta y cautivadora que parece ser un cuento por sí sola; dura unos cuatro minutos y podría estar en cualquier apertura teatral sin desentonar.
A medida que avanzamos, nos encontramos con un segundo movimiento que desafía las convenciones: aunque está catalogado como Allegretto, tiene todo el sentimiento de un Adagio. La belleza melódica se sostiene sobre unas pocas notas mágicamente repetidas. Y es aquí donde Beethoven brilla con fuerza; transforma lo sencillo en sublime.
Finalmente, el tercer movimiento llega como un torbellino lleno de ritmo y energía; Wagner lo describió como una verdadera apoteosis de danza. Esta sinfonía es una joya imprescindible que tendremos la suerte de escuchar hoy por la tarde en el Teatre d’Inca, gracias a la Orquestra de Cambra de Mallorca, dirigida por Nicolás Pasquet. Además del viaje beethoveniano, disfrutaremos del Petit Vals del compositor Toni Fuentes y del Concierto para violín y orquesta de Mendelssohn con Olivier Charlier como solista. No hay excusa para perderse este evento musical tan destacado.