Cuando Elisa Munar decidió emprender su aventura en Eslovàquia a los 18 años, nunca imaginó lo que le esperaba. Ahora, con 22 y cursando el cuarto año de Medicina en la Universidad Pavol Jozef Šafárik, reflexiona sobre esos primeros días llenos de desafíos: “Al principio se me hacía muy duro”. Pero no solo de libros vive esta joven; ha encontrado una oportunidad única para conocer otras culturas y vivir experiencias enriquecedoras.
Un giro inesperado en su camino
La vida no siempre sigue el guion que uno espera. Después de terminar el Bachillerato, Elisa se dio cuenta de que sus notas no eran suficientes para estudiar Medicina en España. Pero como suele pasar, cuando una puerta se cierra, se abre otra: a mediados del verano, surgió la opción de estudiar en el extranjero. Con una decisión rápida y basada en conversaciones con otros estudiantes, eligió Eslovàquia por encima de Polonia.
La experiencia educativa es completamente diferente a lo que había conocido hasta ahora. “Aquí casi todos los exámenes son orales”, cuenta emocionada. Esto significa menos memorización y más interacción real con los profesores y pacientes. Sus asignaturas favoritas son las clínicas; esas donde puede estar más cerca del contacto humano, algo que siempre ha buscado.
A pesar del frío intenso y las noches que llegan pronto en este país centroeuropeo, Elisa aprendió a adaptarse. Al principio le costó un poco salir del clima mediterráneo; “Se me hacía muy duro al principio”, confiesa mientras recuerda cómo tuvo que cambiar sus hábitos diarios. El ritmo eslovaco también fue un choque cultural: “Los días comienzan muy temprano y acaban pronto”, afirma sorprendida.
Aunque ha abrazado su nueva vida académica con entusiasmo, hay cosas que nunca deja atrás: “Siempre echo de menos Mallorca”, dice con nostalgia. El mar azul y su familia son lo que más añora cuando está lejos. Cada vez que vuelve a casa, lo primero que hace es ir a ver el mar.
Aun así, Elisa lleva consigo un trocito de su tierra natal: la gastronomía mediterránea es insustituible para ella; no hay viaje sin llevar sobrassada o galletes d’oli en la maleta.
En definitiva, cada desafío superado es un paso más hacia su sueño de convertirse en médica. Y aunque el camino haya sido complicado hasta ahora, Elisa Munar demuestra día tras día que los sueños pueden hacerse realidad si tienes perseverancia y pasión por lo que haces.