El pasado 6 de marzo, el Auditòrium de Palma se llenó de magia con la música del gran Edvard Grieg y el talento del pianista Martín García. La Orquestra Simfònica de Balears, bajo la dirección de Víctor Pablo Pérez, nos ofreció un viaje sonoro que no dejó a nadie indiferente. Si hay algo cierto es que no hay temporada sinfónica que se precie sin Grieg. Su Concierto para piano y orquesta suena casi como una tradición entre nosotros.
Un pianista en ascenso
En esta ocasión, fue el joven Martín García quien se sentó al piano, brindándonos su interpretación única. Ya lo habíamos visto brillar anteriormente con un Rachmaninov impresionante hace año y medio en Bellver. Esta vez, logró cautivarnos nuevamente: su sonido era elegante y sus interpretaciones llenas de matices, pasando de pasajes líricos suaves a momentos más potentes con maestría. Y cómo olvidar ese bis, un Momento Musical que nos dejó a todos con ganas de más.
No solo Martín brilló esa noche; la orquesta también hizo lo suyo bajo la batuta siempre firme de Víctor Pablo Pérez. Él es uno de esos directores queridos por todos aquí en la isla y supo llevarnos a través de las profundidades emocionales de la Sinfonía número 9 de Shostakovich. Este maestro convirtió cada nota en un poema musical que relataba los acontecimientos históricos vividos en Rusia en 1905.
Como bien apuntó nuestro amigo Juanjo Company, esta obra captura la esencia misma del conflicto humano desde una perspectiva distante pero cercana. El ritmo juega un papel crucial aquí: cualquier desajuste podría haber arruinado todo el trabajo. Pero nuestros percusionistas están a otro nivel y lograron mantenerlo todo a flote perfectamente.
Cada actuación como esta no solo reafirma nuestra conexión con la música clásica sino también con artistas como Martín García y conductores como Víctor Pablo Pérez. En definitiva, otra velada inolvidable donde Grieg vuelve a ser protagonista en nuestras vidas.