El escritor vasco Fernando Aramburu, afincado en Alemania, presenta su último libro de relatos titulado ‘Hombre caído’. En este nuevo trabajo, el autor de ‘Patria’ se aleja temporalmente del conflicto vasco para sumergirse en cuentos que retratan la complejidad de nuestra época. Y es que, como él mismo dice, su generación ha vivido el franquismo no a través de los libros, sino en carne propia. “No queremos eso”, asegura con un tono decidido.
Un viaje a lo oscuro de la condición humana
En una charla distendida en el Hotel Gallery de Barcelona, Aramburu comparte que las historias que componen ‘Hombre caído’ le divierten enormemente. Pero atención, porque estas narraciones no son para tomarlas a la ligera; están habitadas por personajes desolados y situaciones inquietantes. Desde un niño con un piano creciendo en sus manos hasta una mujer demandando sexo violento a su pareja; todos ellos reflejan un miedo latente hacia la muerte y la incapacidad humana para conectar.
Recordando un bulo sobre su salud que circuló recientemente en redes sociales, Aramburu se ríe mientras reflexiona sobre cómo fue estar vivo ante la noticia de su propia muerte. “La experiencia fue extraña, pero también me mostró cuánto cariño hay entre mis amigos”, confiesa. Esa misma inquietud por lo efímero se trasluce en sus relatos: “La muerte es parte esencial de la existencia”.
Aunque los protagonistas son seres humanos comunes y corrientes, como nosotros, su falta de empatía genera incomodidad. Esas rupturas y relaciones tóxicas presentes en las páginas del libro no son más que un espejo de nuestras propias vivencias cotidianas; experiencias cercanas que pueden parecer pesimistas pero también profundamente reales.
El título ‘Hombre caído’, elegido por Aramburu para cerrar esta colección, evoca imágenes poderosas sobre aquellos que están abatidos y observados por otros sin ser ayudados. Se convierte así en una metáfora perfecta del momento actual: vivimos rodeados de noticias alarmantes mientras nos sentimos impotentes ante realidades ocultas.
Sobre la percepción actual de los jóvenes europeos y su inclinación hacia ideologías extremas, el autor sostiene que hemos fallado al transmitirles el valor del progreso logrado con esfuerzo durante años. “Mi generación admiraba a Alemania como símbolo de fortaleza”, dice con nostalgia. Sin embargo, observa cómo esa imagen se desdibuja ante los nubarrones económicos e ideológicos que amenazan Europa hoy día.
A pesar del doloroso pasado que carga sobre sus hombros y del peso emocional presente en sus escritos, Fernando Aramburu mantiene una fe inquebrantable hacia las personas concretas. No pierde la esperanza ni olvida las muestras de bondad recibidas a lo largo de su vida familiar y personal.
A medida que avanza la conversación acerca del futuro literario y las nuevas historias inspiradas por su vida en Alemania —donde ha vivido casi toda su vida adulta— parece claro que aún tiene mucho más por contar.