La asociación ARCA ha levantado la voz, y no precisamente para hacer celebraciones. En un acto que remarca lo que muchos ya sentimos, han anunciado sus premios a la destrucción del patrimonio, donde las plantas fotovoltaicas en Talapi y Binissetí Vell, el vandalismo en yacimientos arqueológicos, y la gestión de los quioscos de prensa en Palma se llevan la peor parte.
Este próximo 12 de marzo, en una cena que promete ser más que un simple encuentro, los simpatizantes podrán decidir cuál de estas nominaciones merece el dudoso honor de ser la más nefasta. Pero eso no es todo; también se reconocerán esfuerzos por proteger lo que nos queda, como el Pla Director de Santa Creu o la labor encomiable de la Guardia Civil al recuperar más de mil piezas arqueológicas.
Un lamento por lo perdido
Las plantas fotovoltaicas, esas que deberían ser símbolo de progreso sostenible, son vistas por ARCA como auténticas catástrofes. Según ellos, están invadiendo terrenos agrícolas y paisajísticos con una voracidad sorprendente. «Es inaceptable», afirman, «que estos proyectos afecten a nuestro patrimonio cultural». Y no les falta razón; cada vez que vemos un nuevo panel asomando entre nuestros campos, sentimos cómo algo valioso se desmorona ante nuestros ojos.
Aun más alarmante es el vandalismo en los yacimientos arqueológicos. ARCA no escatima críticas: «El nivel de incultura y violencia actual permite que algunos dañen lo que ha perdurado durante siglos». Las últimas víctimas han sido lugares sagrados como Puig de sa Morisca o Almallutx. Es triste pensar que hay quienes tiran a la basura nuestro legado histórico sin ningún remordimiento.
Y luego está el tema de los quioscos en Palma. La gestión del Ayuntamiento ha sido considerada poco menos que negligente; transformar estos espacios en bares compite deslealmente con otros negocios locales y empaña nuestro paisaje urbano. El turismo invasivo tiene mucho que ver aquí, convirtiendo nuestras calles en un parque temático donde solo importa llenar bolsillos ajenos.