Era un día cualquiera en los años 50, pero para Vania, un joven con sueños de grandeza, todo cambió cuando vio jugar a Eduard Streltsov. Con su físico imponente y esos ojos azules que deslumbraban, Edik no solo era un futbolista; era una promesa hecha realidad. Su talento lo llevó a ser el máximo goleador de la Primera División soviética a la temprana edad de 17 años. ¿Quién no soñaba con ver cómo brillaría en el Mundial de Suecia de 1958? Desgraciadamente, nunca lo sabremos.
El ascenso y la caída del Pelé ruso
Aquel chico que prometía mucho se vio atrapado en sus propias sombras. A través del relato conmovedor de Vania, el ficticio trabajador del Torpedo de Moscú creado por el periodista británico Jonathan Wilson, nos adentramos en una historia llena de luces y sombras. La novela ‘Streltsov’ explora la fama efímera, la idolatría ciega y los demonios personales que arrastran a muchos deportistas al abismo.
Con solo dos partidos con la selección nacional, Edik ya había marcado dos hat-tricks y ayudó a su equipo a conseguir el oro olímpico en Melbourne en 1956. Era un verdadero prodigio. Pero como bien dice Wilson: «Era muy joven para cargar con tanto éxito». Y claro, esta nueva vida llena de excesos terminó por pasarle factura. Su acceso al alcohol y las fiestas se convirtió pronto en una espiral autodestructiva.
La fama tiene su precio, especialmente en un régimen como el soviético. Un escarceo amoroso mal gestionado lo llevó a caer desde lo más alto hasta las profundidades del gulag tras ser acusado de violación durante una fiesta en 1958. Las versiones sobre esa noche son confusas; sin embargo, lo cierto es que su vida cambió drásticamente cuando fue condenado a doce años de trabajos forzados.
Wilson reflexiona sobre este oscuro episodio: «El maltrato hacia las mujeres es un tema recurrente entre deportistas». En Estados Unidos se están llevando a cabo investigaciones que demuestran que estos atletas tienen más probabilidades de estar implicados en delitos sexuales que otros jóvenes. Sin duda, algo debe cambiar.
A pesar del sufrimiento vivido tras las rejas, Edik logró regresar al fútbol profesional en 1965. Aunque ya no era aquel chaval explosivo y lleno de energía, consiguió levantar la liga con su equipo nuevamente y fue nombrado jugador del año en dos ocasiones consecutivas. Sin embargo, como bien dice Vania: «Me decepcionó y me rompió el corazón», recordando siempre al ídolo que alguna vez admiró profundamente.