El pasado miércoles, el Club Diario de Mallorca se transformó en un verdadero festín de colores y sonrisas gracias a la celebración del Carnaval. Pequeños de todas las edades, desde los más recién llegados al mundo hasta los que ya tienen cuatro o cinco años, se reunieron allí para vivir una jornada mágica. Disfraces de piratas, superhéroes y princesas llenaron el ambiente de fantasía y aventuras, haciendo que cada rincón fuera un reflejo de ilusión.
Una fiesta llena de música y creatividad
La música sonaba desde el primer instante, invitando a todos a dejarse llevar por la diversión. Los niños danzaban al ritmo contagioso mientras sus padres disfrutaban viéndolos reír y jugar. Esta celebración formaba parte del proyecto IDÒ!, impulsado por el Diario de Mallorca y el Diario de Ibiza, que busca fomentar la lengua catalana y la cultura balear. Y vaya si lo lograron; fue un auténtico derroche de vitalidad.
Uno de los momentos más esperados llegó con el contacontes a cargo de La Petita Orquestra dels Bards. Jon Civeti cautivó a los pequeños con su relato sobre el mar, llevándolos en un viaje lleno de aventuras náuticas. Pero no solo escucharon; experimentaron con instrumentos curiosos como la calimba y la maraquita, creando sonidos que evocaban las olas del océano.
La sorpresa mayor llegó cuando una tela azul convirtió el escenario en un océano en movimiento. Con la ayuda del público, se recreó una tempestad marítima que dejó boquiabiertos a los niños; ¡estaban viviendo la historia en carne propia!
No solo hubo cuentos: Distribuidora Rotger hizo posible un sorteo donde se regalaron libros infantiles y botellas reutilizables que sacaron sonrisas entre los afortunados ganadores. Después de tanto jolgorio, un delicioso berenar les permitió recargar energías para continuar disfrutando.
Cada niño se llevó consigo revistas y juegos Lego como recuerdo tangible del día tan especial vivido. Y para culminar esta experiencia única, hubo un taller donde pudieron diseñar sus propias máscaras carnavalescas; muchos no querían quitárselas ni un momento mientras corrían felices por allí.
Aquella jornada terminó siendo inolvidable, dejando huellas imborrables en todos los asistentes. El Carnaval no solo celebró tradiciones; también demostró que nuestras costumbres tienen vida propia gracias a iniciativas como esta. La alegría reflejada en las caras inocentes fue sin duda el mejor regalo para quienes participaron.