El célebre músico catalán Jordi Savall ha dejado su huella en la Universitat de les Illes Balears al plantar un naranjo, como marca la tradición antes de recibir el título de doctor ‘honoris causa’. Este gesto no es solo simbólico; representa el arraigo y la conexión que busca establecer con la tierra y su cultura. Así, Savall reafirma su compromiso con la recuperación del patrimonio musical.
Un legado que florece
Tras plantar el árbol, Savall firmó el libro de honor, un paso previo a su esperada investidura que tendrá lugar más tarde en el Conservatorio. No se puede pasar por alto lo importante que es este reconocimiento, pues se le otorga no solo por ser una figura clave en la recuperación de la viola de gamba, sino también por su incansable labor divulgativa sobre el canto de la Sibil·la y los aportes del ilustre Ramon Llull.
A medida que avanza esta jornada especial, queda claro que cada acción cuenta: plantar un naranjo es mucho más que sembrar una planta; es cultivar un futuro donde las raíces culturales crezcan fuertes. En un mundo donde a menudo olvidamos nuestras tradiciones, gestos como estos nos recuerdan lo vital que es mantener viva nuestra historia.