La vida de Joan Punyet Miró parece estar en un constante viaje hacia sus raíces, como si cada pincelada que da fuese un pasaporte a la infancia. Este músico, escritor y artista plástico, nieto del icónico Joan Miró, está a punto de abrir una nueva etapa creativa con su serie Monocromías, que se presentará del 4 al 9 de marzo en Garaje Lola, Madrid. Aquí es donde el color y los recuerdos se entrelazan para dar vida a algo extraordinario.
La Fruta Prohibida que Surge del Pasado
¿Qué son realmente estas Monocromías? Para Joan, son mucho más que simples obras; representan una ventana a nuevas dimensiones espirituales. «Una monocromía es un ejercicio plástico que te abre el corazón», nos cuenta con ese brillo en los ojos que solo puede surgir al hablar de lo que uno ama. Y cómo no iba a ser así, si detrás de cada obra se esconden recuerdos vívidos de su niñez en el estudio de su abuelo, donde los colores ardían intensos y llenos de vida.
Joan recuerda con nostalgia aquel día de 1978 cuando, siendo apenas un niño de diez años, fue arrastrado por un torbellino cromático que dejó huella indeleble en su ser. «Fue tan impactante… lleno de luz y fuerza», explica mientras reflexiona sobre cómo esos momentos quedaron guardados como una fruta prohibida dentro de él. Ahora, muchos años después y tras experimentar altibajos vitales—frustraciones e insultos incluidos—esa fruta ha madurado y surge como arte.
No obstante, esta exposición no solo representa una evolución artística; también aborda temas más amplios. En un mundo donde las nuevas generaciones parecen desconectarse cada vez más de la naturaleza y nuestras raíces culturales, Joan hace un llamado claro: «Volvamos a conectarnos con lo esencial». Su arte busca reconectar al espectador con la tierra; una misión urgentemente necesaria hoy en día.
A medida que avanza en este nuevo capítulo creativo, Joan sueña también con llevar sus obras a Mallorca algún día. Mientras tanto, prepara otro concierto con su banda Mad Recyclers en Madrid donde abordarán problemas ecológicos contemporáneos. Para él, el arte debe ser siempre reivindicativo: «Del polvo venimos y al polvo iremos», dice con sabiduría ancestral.
Cada pincelada es una declaración personal: volver a esos orígenes mallorquines donde los colores no solo pintan paredes sino también corazones. En definitiva, las Monocromías no son solo cuadros; son historias vivas cargadas del legado familiar y un fuerte deseo por revivir lo auténtico en tiempos inciertos.