El Louvre, ese gigante de la cultura que todos conocemos, está en plena transformación. Desde hace años, el museo más visitado del mundo ha estado lidiando con una avalancha de turistas que lo ponen a prueba cada día. Y es que, aunque su fachada sigue siendo una maravilla arquitectónica, las entrañas del museo claman por ayuda. La directora del Louvre y los sindicatos han alzado la voz ante un escenario preocupante: inundaciones, humedades y un sobreturismo que amenaza con ahogar sus tesoros.
Un plan para salvarlo
A finales de enero, Emmanuel Macron decidió no quedarse de brazos cruzados. Con el eco de La Gioconda observándolo, anunció un ambicioso plan de renovación del museo. “El Louvre solo vive así; creciendo”, afirmó el presidente mientras se comprometía a mejorar la experiencia de los visitantes y proteger las obras maestras. La solución incluye una nueva entrada eficiente en la Colonnade de Perrault y un espacio exclusivo para la famosa dama de Da Vinci, alejándola del caos actual.
Y es que este emblemático lugar ya no puede soportar más visitantes. Su entrada principal fue diseñada para recibir a cuatro millones al año, pero ¡sorpresa! Ahora son nueve millones los que lo abarrotan. Esto no solo genera incomodidad; también contribuye a un peligroso efecto invernadero dentro del museo.
Las obras prometen ser colosales y costarán unos 500 millones de euros. Pero tranquilos, el Louvre mantendrá sus puertas abiertas durante todo el proceso. Este proyecto busca reconducir las visitas hacia una experiencia más placentera y auténtica en uno de los patrimonios culturales más importantes del mundo. El pasado nos enseña que este museo ha tenido que adaptarse constantemente desde su transformación de palacio real a espacio museístico en 1682; ahora le toca reinventarse una vez más.