Marvin Entholt, un documentalista alemán nacido en Bremen en 1961, ha vuelto a la isla que marcó su infancia para ofrecer una mirada profunda sobre el turismo. Su documental Nostalgia de Mallorca, recientemente galardonado por Mallorca Zeitung, explora esa relación tan peculiar entre Alemania y nuestra querida isla. ¿Por qué tantos alemanes consideran a Mallorca su hogar? La respuesta es sencilla: millones la visitan cada año y se enamoran perdidamente de ella.
Un viaje a través del tiempo
En los años cincuenta, Mallorca se transformó en el refugio vacacional por excelencia. Pero antes, ya había sido el destino preferido de otras nacionalidades desde los años treinta. Según Entholt, factores como la facilidad para volar y un contexto político que ofrecía confianza hicieron que Mallorca despegara antes que otros lugares.
Aún así, no podemos obviar el hecho de que hay algo más: “La dictadura facilitó que la gente confiara en venir aquí”, comenta Marvin. Este enfoque nos lleva a pensar que no necesitamos más promoción; ya tenemos suficiente historia y encanto para atraer visitantes.
A pesar de todo, Entholt destaca que su documental no fue diseñado como una herramienta promocional, sino para comprender cómo hemos llegado al punto crítico del sobreturismo. Mientras muchos sienten nostalgia por esos días dorados de la isla, él señala un problema evidente: “Hay alemanes viviendo en un cosmos paralelo en Mallorca”, donde sus lujosas mansiones y coches fantásticos parecen aislarles del auténtico sabor local.
Ciertamente hay quienes llegan atraídos tanto por lo bello como por lo barato. La hospitalidad mallorquina juega también un papel crucial; aquí todos quieren sentirse cómodos y bienvenidos. Sin embargo, si algo ha cambiado con los años es la llegada de turistas VIP. Desde Claudia Schiffer hasta Boris Becker, estos nombres han contribuido a aumentar ese atractivo casi magnético hacia la isla.
Pese a las críticas sobre cómo ha evolucionado el turismo en Mallorca, Entholt confiesa haber quedado fascinado con las vivencias sensoriales que evocan recuerdos entrañables: “Los olores y los sonidos nocturnos siempre me han sorprendido”. Al final del día, aunque él puede entender algunos enigmas del turismo, reconoce humildemente: “No presumo conocer realmente a los mallorquines”. Y tú… ¿qué opinas sobre esta dualidad entre turistas y locales? Tal vez solo queda preguntarnos si Mallorca sigue siendo tan Instagramable como parece.