En el corazón de Barcelona, el Palau Martorell nos sorprende con una muestra que promete abrir los ojos a los visitantes. Hasta el 20 de julio, podemos disfrutar de ‘Fernando Botero. Un maestro universal’, una colección que reúne más de 110 obras del célebre pintor y escultor colombiano que, aunque muchos ven como un artista decorativo, esconde tras su estilo voluptuoso un mensaje profundo.
Esta exposición no solo exhibe la estética característica de Botero; también se adentra en las sombras de la violencia que ha marcado su país natal, Colombia, y lugares lejanos como Abu Ghraib. Sí, ese rincón oscuro donde se cometieron atrocidades durante la ocupación estadounidense en Irak. La cocomisaria Cristina Carrillo de Albornoz lo describe perfectamente: “El arte tiene que resaltar lo positivo, pero también es un espejo de nuestra realidad”. ¿Acaso no es eso lo que todos necesitamos? Reflexionar sobre lo que nos rodea.
Un viaje por el universo boteriano
Bogotá fue su primer amor artístico, pero fue en Barcelona donde Botero dio sus primeros pasos hacia Europa. Este lugar le mostró el poder del arte a través del legado de Picasso y otros grandes maestros. Así nos lo cuenta Lina Botero, su hija y cocomisaria: “Desde pequeño tuvo esa sed insaciable por aprender”. En esta exposición encontraremos diez secciones cargadas de temas diversos: homenajes a maestros pasados, naturalezas muertas vibrantes y reflexiones sobre América Latina que invitan a cuestionar nuestra historia.
Las pinturas transmiten no solo cariño por las clases populares; también son un grito desgarrador contra la prepotencia y crueldad evidentes en los líderes. Aquí reside la magia del ‘boterismo’: una mezcla entre forma y contenido donde cada trazo cuenta una historia. Y qué decir sobre las técnicas utilizadas; desde óleos hasta acuarelas, cada obra refleja la pasión desbordante por transformar emociones en formas tridimensionales.
Aún hay más sorpresas bajo la manga. La exposición incluye piezas inéditas como ‘La Menina según Velázquez’, siempre colgada en su estudio parisino, o ‘Homenaje a Mantegna’, descubierto recientemente por Lina a través de Christie’s. El Palau Martorell ha dado un paso firme al consolidarse como un espacio artístico esencial para Barcelona, especialmente después del éxito inicial con Sorolla.