Cuando Nubya Garcia, una de las saxofonistas más destacadas del jazz actual, se conecta desde Londres, no podemos evitar sentir esa chispa que trae consigo. Aunque su cámara está apagada, su esencia brilla a través de sus palabras. Esta artista británica, nacida en 1991, ha sido un pilar en la vibrante escena londinense que mezcla sonidos y culturas, conquistando corazones tanto en Madrid como en Barcelona con sus próximas actuaciones.
Una historia de raíces y ritmos
Nubya empieza a desvelar los secretos tras su apellido español. «Es un eco de la época colonial», nos cuenta mientras hace un guiño a sus orígenes familiares que cruzan océanos. Criada entre melodías caribeñas y africanas en Camden Town, uno de los núcleos multiculturales más efervescentes de Londres, reconoce que el español nunca resonó entre las paredes de su hogar.
A pesar de eso, la herencia cultural le ha dado forma como artista. Desde hace años, el jazz londinense ha resurgido gracias a músicos como ella, quienes han transformado este género al fusionarlo con influencias del afrobeat nigeriano o el calypso caribeño. Su música es un viaje sonoro donde hay espacio para cumbia y ritmos electrónicos que llevan a bailar hasta al más reacio.
Nubya García no solo toca; ella es parte fundamental de una comunidad musical donde cada artista se apoya mutuamente. «Es vital tener amigos con quienes compartir dudas sobre contratos o actuaciones», dice mientras nos invita a imaginar esas cenas entre amigos que alimentan tanto el alma como la creatividad. Sin duda alguna, lo suyo es un nuevo tipo de jazz donde el mestizaje se convierte en riqueza sonora.
En su primer álbum Source, escuchamos ecos reggae y latinos; pero ahora con Odyssey, nos sorprende con arreglos orquestales que hacen volar nuestra imaginación. Ella misma se encarga de esos arreglos junto a la Chineke Orchestra, demostrando que puede tejer tradición y modernidad sin esfuerzo.
Pese al reconocimiento que ha ganado, Nubya enfrenta retos importantes: ser mujer negra en un mundo musical donde predominan los hombres aún representa una batalla constante. Aunque reconoce que hay más mujeres ahora haciendo jazz, sigue sintiendo ese peso de ser parte de una minoría.
Sus conciertos prometen ser una explosión emocional donde se olvida todo menos la magia del momento presente: «La música en directo nunca podrá ser reemplazada», afirma con convicción. Y así lo viviremos cuando ella suba al escenario: pura energía e improvisación desbordante.