Maite Beaumont, una apasionada mezzosoprano, se encuentra en Palma lista para dar vida a Dido. Desde pequeña, la música ha sido su compañera inseparable. Su madre, al frente de varios coros, y su padre, un barítono amateur, llenaron su hogar de melodías y armonías. No es de extrañar que dos de las cuatro hermanas se hayan sumergido en el mundo de la música vocal.
Pero ¿cómo surgió esa decisión? Maite nos cuenta que sus padres siempre enfatizaron la importancia de tener una buena educación. Así fue como terminó estudiando Sociología, aunque nunca pensó que sería cantante profesional. Sin embargo, la pasión por la música pudo más y decidió dar el salto al canto. “El equilibrio entre mis estudios y el conservatorio me ha enriquecido enormemente”, reflexiona con sinceridad.
Un viaje lleno de emociones
De Pamplona a Hamburgo: ese fue un gran paso en su carrera. Comenzó participando en un curso de verano con Judith Beckmann, lo que le abrió las puertas a la Escuela Superior de Arte en Alemania. Allí tuvo el privilegio de aprender bajo la tutela de Hanna Schwartz. “Fue un honor contar con ella como maestra”, dice emocionada.
Tener una voz no es solo cantar; es entender tu propio instrumento cada día. “La clave está en saber elegir bien el repertorio”, asegura Maite. A veces hay que asumir riesgos, pero también ser consciente de lo que podemos manejar sin poner en jaque nuestra voz.
Cantar en lugar de Magdalena Kozena fue una experiencia crucial para ella: “Imagínate los nervios y lo que significaba estar allí bajo la dirección de Ivor Bolton”, recuerda con una mezcla entre asombro y orgullo.
A medida que abarca compositores como Mozart o Haendel, Maite se da cuenta de que todos ellos tienen algo en común: “Si conoces tu voz, todo fluye más fácil”. Y aunque algunos papeles le atraen más que otros —como Cherubino— reconoce que cada uno requiere su tiempo y dedicación.
Aquí en Palma, se siente más viva cantando ópera completa porque valora profundamente la interacción con otros artistas: “Es vital sentir esa conexión”, dice mientras comparte sus anhelos por experimentar diferentes estilos musicales sobre el escenario.
A pesar del desafío constante que representan los directores escénicos hoy en día —donde muchos imponen sus visiones— ella siempre busca consensuar para poder expresar lo mejor desde su arte: “Para mí lo fundamental es sentirme bien al cantar”.
Cantar Donna Elvira junto a Harnoncourt fue otro hito inolvidable: “Me hizo ver al personaje desde otra perspectiva”, comparte con entusiasmo. Y cuando le preguntan sobre morir cantando Dido sobre el escenario sonríe ampliamente: “Es maravilloso; hay algo sublime en recordar”.