En Granada, la casa de Christian Félix se ha convertido en un auténtico santuario del cine, recordando esos videoclubs que todos conocimos en los años 2000. Este granadino, que trabaja como divulgador científico en el Parque de la Ciencia, lleva toda su vida acumulando una impresionante colección de más de 30.000 películas. Desde VHS hasta Blu-Ray y 4K, Christian comenzó a reunir títulos desde que era un niño, gracias a su padre, quien le inculcó esta pasión. “La primera fue Dragon Ball”, recuerda con cariño.
Una pasión desbordante y sin límites
A pesar de que hoy comparte hogar con su mujer y sus dos hijos, no siempre es fácil organizar todo ese material. “Si guardara todas las películas aquí, tendría que echar a mi familia a la calle”, bromea entre risas. Su sueño es contar con una sala propia donde proyectar todas esas joyas cinematográficas.
Cada día se sumerge en su mundo cinéfilo mientras reparte su tiempo entre el trabajo y sus aficiones como el manga o el anime. “No tengo vicios como fumar o beber; mi hobby es este”, confiesa con sinceridad. Aún recuerda cómo prefería quedarse en casa viendo películas antes que salir a excursiones escolares, una elección muy clara para él: “Mi madre me compraba lo que quería con tal de no salir”. Consciente del dinero invertido en su colección, se niega a calcularlo: “Me moriría si lo hiciera”. La mayor suma pagada por un título especial fue de 120 euros.
A pesar de las dificultades para encontrar ediciones físicas hoy en día, Christian sigue explorando tiendas y plataformas buscando tesoros ocultos. En rebajas encuentra verdaderas gangas y también se mantiene al tanto gracias a comunidades online donde intercambia información y películas con otros coleccionistas.
No obstante, él no tiene intención de vender ninguna pieza: “No me gusta trapichear por cinco euros”. Esta dedicación le ha permitido atesorar auténticas rarezas como Memento en versión hispana o recuerdos entrañables como Gladiator, la primera película que compró en DVD hace años.
A medida que añaden títulos nuevos a su repertorio familiar, Christian también intenta transmitir esa misma pasión por el cine a sus hijos. Aunque sabe que algunas películas nunca verá porque simplemente no tiene tiempo: “Habrá algunas que no veré jamás en mi vida”. Pero eso no le detiene; continúa sumando metrajes con la esperanza de que algún día sus hijos mantengan viva esa tradición cinematográfica.
En definitiva, Christian Félix es mucho más que un coleccionista: es un verdadero amante del séptimo arte dispuesto a hacer todo lo posible para preservar su legado.