La nueva miniserie de Netflix, Érase una vez en el Oeste, ha suscitado un fuerte debate en Utah debido a su representación de la comunidad mormona y a su enfoque en la masacre de Mountain Meadows, un oscuro capítulo de la historia del Viejo Oeste estadounidense. Este evento, ocurrido en 1857, involucró el asesinato de aproximadamente 120 colonos por mormones en un contexto bélico complejo, y ha sido objeto de discusiones históricas y religiosas durante décadas.
Contexto histórico y reacción de la comunidad mormona
La serie, basada en el título original American Primeval, intenta explorar no solo la mitología del western, sino también las sombras de la colonización y los conflictos que marcaron este territorio. A lo largo de ella, se muestra cómo la comunidad mormona, liderada por Brigham Young, respondió a las tensiones con colonos no mormones y con el gobierno de los Estados Unidos. Las circunstancias que rodearon la masacre de Mountain Meadows son especialmente debatidas; los mormones han sostenido que fue una acción local, aislada de la dirección central de su iglesia.
Medios afines a la iglesia han criticado la miniserie, alegando que distorsiona la historia y que los eventos han sido manipulados para presentar a la comunidad mormona bajo una luz negativa. Desde Salt Lake City, el Deseret News, publicación propiedad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, urge a los fieles a enfocarse en la enseñanza y sermones de Young en lugar de consumir contenido que consideran perjudicial.
Los mormones han enfrentado, en tiempos recientes, una creciente representación negativa en medios de comunicación. La serie y algunas películas, como Heretic, han retratado a sus miembros de manera poco favorable, profundizando en estereotipos asociados con comportamientos que van en contra de sus enseñanzas tradicionales.
Aunque la serie de Netflix tiene un planteamiento que se aleja de la imagen idealizada del Viejo Oeste, el retrato de los mormones en un tiempo de violencia y conflicto ha resultado en una polarización de opiniones, dejando al público con un panorama complejo de su historia.
Por otro lado, Érase una vez en el Oeste destaca la figura de Jim Bridger, un explorador y trampero que contrasta con el liderazgo rígido de Young, ofreciendo una mirada diversa a la narrativa del oeste estadounidense. Bridger y otros personajes históricos en la serie brindan una perspectiva más amplia del período, sugiriendo que la historia del oeste no se limita a los enfrentamientos entre buenos y malos, sino que es rica en matices y contradicciones.
En resumen, Érase una vez en el Oeste no solo ofrece entretenimiento, sino que también invita a los espectadores a reflexionar sobre las realidades históricas de una época fértil en conflictos y ambigüedades, haciendo hincapié en la necesidad de un diálogo más profundo acerca de los eventos que dieron forma a la nación.