En el mundo del tenis, Carlos Alcaraz no solo brilla por su talento en la pista, sino también por su amor a los juegos de mesa. Después de conquistar el Open de Australia, donde se convirtió en el más joven en conseguir todos los Grand Slam, llegó a su hotel con una sonrisa de oreja a oreja. Esa noche, en lugar de celebraciones ruidosas, optó por algo más íntimo: una cena con su hermano Álvaro y amigos, todo amenizado por un entretenido juego.
Un desafío entre amigos
Pero no cualquier juego; se trata del juego del impostor, que ha ganado popularidad incluso entre los miembros de su equipo en Doha. En los lujosos aposentos del Ritz Carlton, las risas y la tensión se mezclan mientras intentan descubrir quién es el impostor. Cada jugador recibe una palabra secreta, excepto uno que intenta pasar desapercibido. El objetivo es claro: ¡encontrar al impostor antes de que él elimine a un jugador inocente!
En esta peculiar mesa están presentes el campeón de siete grandes torneos, su hermano Álvaro, su agente Albert Molina, el entrenador Samuel López, el preparador físico Alberto Lledó y el fisioterapeuta Fran Rubio. Una mezcla perfecta para vivir momentos llenos de estrategia y complicidad.
Así que mientras Alcaraz se prepara para enfrentar nuevos retos en la cancha, también disfruta esos instantes únicos con su equipo. Esos ratos entre partido y partido son vitales para mantener la conexión y fortalecer esos lazos que van más allá del deporte.

