Este lunes, Carlos Alcaraz se ha enfrentado al calor agobiante de Melbourne con una determinación que solo los grandes tienen. Con 30 grados apretando fuerte, Carlitos decidió dejar la camiseta en el vestuario y entrenar a pecho descubierto en la pista 23. Junto a su hermano Álvaro, el número uno del mundo se preparaba para su próximo reto en el Open de Australia.
Un menú que sabe a hogar
Después de sudar la gota gorda, no hay nada mejor que un buen plato casero. Y eso es justo lo que encontró Alcaraz en el restaurante español Cambio de Tercio. Su menú fue un homenaje a sus raíces: gazpacho y tortilla de patatas. «Cuando estoy lejos de casa, estos sabores me hacen sentir más cerca», confesó con una sonrisa.
Aún con el paladar satisfecho, nuestro joven tenista no se detuvo ahí. Entusiasmado por su amor por el golf, soltó: «Intentaré sacar un poco de tiempo para jugar al golf; vamos a ver si me da la vida». Así fue como se dirigió a un exclusivo club en Victoria para afinar su swing antes de regresar al entrenamiento.
Mañana será otro día para seguir puliendo su juego antes de enfrentarse al alemán Yannick Hanfmann en la segunda ronda del torneo. La jornada promete ser intensa y Alcaraz está decidido a dejarlo todo en la cancha.

