En un mundo donde el deporte y la política a menudo parecen estar en mundos separados, Elina Svitolina, la talentosa tenista ucraniana actualmente en el puesto 23 del ranking WTA, ha decidido romper ese esquema. Esta joven deportista no solo se destaca por sus habilidades en la cancha, sino también por su firme compromiso con su país en tiempos de crisis. Desde que comenzó el conflicto con Rusia, ha utilizado su plataforma para alzar la voz y ayudar a quienes más lo necesitan.
Un compromiso más allá de la raqueta
Svitolina ha recaudado más de 1,5 millones de euros para apoyar a su nación. En una reciente entrevista con The Bild, no dudó en expresar su disposición a ir al frente si fuera necesario: «Yo iría, seguro», dijo con determinación. Aunque reconoce que ahora mismo es más útil recaudando fondos que empuñando un arma, no puede evitar sentir el dolor por los soldados que luchan sin entrenamiento previo.
Sus visitas a Ucrania son una mezcla de emociones. Con cada viaje intenta llevar un poco de felicidad y esperanza a las familias afectadas por la guerra: «Intento aportar un poco de felicidad a la vida cotidiana de las personas», comenta. A pesar del sufrimiento que ve, siente que esos encuentros le brindan energía positiva.
No obstante, regresar significa dejar atrás a una familia preocupada. Su esposo, el también tenista Gael Monfils, vive con angustia cada vez que ella parte hacia su tierra natal: «Por supuesto que tiene miedo por mí y por nuestra hija», explica Svitolina. Pero hay algo hermoso en esta relación; Monfils siempre está ahí apoyándola, entendiendo lo importante que es esta lucha para ella.
Aunque sabe lo difícil que es para él lidiar con esa incertidumbre y preocupación constante, Elina siente una profunda conexión con su país y sabe que ser una voz para Ucrania es parte de su misión personal. A medida que continúan enfrentándose a desafíos inimaginables, figuras como Svitolina nos recuerdan el poder del compromiso humano en tiempos oscuros.