La historia de Pablo Carreño Busta es un relato de superación que, por fin, ha encontrado un nuevo capítulo. Después de más de dos años y medio lidiando con lesiones que parecían no tener fin, el tenista asturiano ha vuelto a alzar un trofeo, esta vez en el Challenger de Tenerife. Su victoria ante el español Alejandro Moro Cañas por 6-3 y 6-2 no solo significa un título; representa la culminación de una lucha personal.
Un camino lleno de obstáculos
Desde aquel lejano triunfo en el Masters 1.000 de Montreal, donde se enfrentó a Hubert Hurkacz, la carrera de Pablo había sido como una montaña rusa. Pero este último torneo ha sido como una bocanada de aire fresco. Desde su primer partido contra el italiano Arnaboldi hasta la final, Carreño mostró una confianza creciente que le permitió superar cada reto: 6-0 y 7-6 contra Arnaboldi, luego 6-1 y 6-2 ante Fonio, y así hasta llegar a la gran final.
“Durante la semana mi confianza fue aumentando poco a poco”, compartió Pablo con una sonrisa en su rostro después del partido. Y cómo no iba a estar feliz; tener a sus padres allí apoyándolo siempre le da ese extra que tanto necesita. Tras pasar por esa dura intervención quirúrgica en el codo, las palabras de gratitud hacia su familia fueron inevitables. “Hacía mucho tiempo que no vivía en la piel la tensión de una final. Lo disfruté mucho”, dijo emocionado.
Con este triunfo, Pablo regresará al circuito ATP ascendiendo hasta el puesto 133 del ranking. Pero esto es solo el principio; ya tiene planes para participar en más torneos y seguir escalando posiciones. La vida del deporte es incierta, pero él está listo para enfrentar lo que venga.
Acompañado por autoridades locales durante la entrega del premio, queda claro que este Challenger no solo es significativo para él; también lo es para todo el tenis español y su cantera emergente.