El mallorquinismo necesitaba un respiro, una alegría que iluminara tanto desánimo. Y vaya si la encontró en Son Moix, donde el Mallorca se plantó ante el imponente Real Madrid y salió victorioso. Solo los más optimistas podrían haber imaginado tal hazaña después de aquel tropiezo doloroso en Elche. Pero aquí entró en juego Martín Demichelis, un entrenador que ha sabido insuflar valentía a un equipo que arrastraba demasiados fantasmas.
Un triunfo memorable
Esa victoria no solo es importante por el rival, sino por cómo llegó. La figura de Vedat Muriqi brilló con luz propia en el minuto 91, haciendo vibrar cada rincón del estadio. El Mallorca, cargado de defectos esta temporada, mostró la garra y determinación que tanto se le había reclamado. A pesar del gol de Militao que parecía dejarlo todo en la lona, supieron levantarse y convertir la angustia en locura colectiva con ese gol tan esperado.
Demichelis mandó un mensaje claro: este equipo iba a pelear hasta el final. Con las sustituciones de Virgili, Mateo Joseph y David López mantuvo su apuesta ofensiva sin mirar atrás. No se trató de aparcar el autobús; más bien fue un espectáculo que recordó lo mejor del fútbol. Cada jugador aportó su granito de arena: Muriqi deslumbrando, Mojica y Maffeo callando bocas con sus actuaciones destacadas, e incluso Darder mostrando una versión renovada.
Pero ojo, esto no significa que estén a salvo. La jornada fue fantástica y sí, hay razones para celebrar; pero vencer al Rayo y al Valencia en Palma será vital para no dejar escapar esos fantasmas otra vez. La intensidad debe mantenerse alta; este equipo necesita seguir creyendo y Demichelis parece ser quien les guíe por ese camino lleno de esperanza.

